Fue un médico respetado por su conocimiento y apreciado por su trato humanitario con los pacientes; formador de equipos y referente de nuevos profesionales, pero por sobre todas las cosas, un gran hombre. Por todas esas razones, el fallecimiento de Guillermo Sambeth causó sentidas muestras de dolor entre quienes lo conocieron.
Nació el 24 de octubre de 1963, en La Plata; sus padres fueron Jorge Guillermo y María Teresita Busso - ya fallecida -; creció junto a sus hermanos mayores Jorge Enrique y Carlos. Cursó sus estudios primarios en la escuela “Francisco Berra”, cuando su familia se mudó a Adrogué completó con el mejor promedio, la primaria y secundaria en el Colegio San Patricio.
Luego ingresó a la facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata de la que egresó como médico y se especializó en clínica, cardiología y hemodinamia.
En sus primeros años como profesional trabajó en el sistema de emergencias UDEC,; también se desempeñó en el área de hemodinamia de IPENSA . Además lo contaron entre el staff de profesionales, el Instituto Médico Platense, el Instituto Mater Dei y el Hospital de Ensenada.
En el Hospital San Juan de Dios forjó una destacada trayectoria, integró y formó equipos que aplicaron innovadoras técnicas en el servicio de Hemodinamia del que fue jefe. Trabajó en el trasplante de válvula aórtica y bregó hasta conseguir la incorporación de un angiógrafo para ese hospital.
Apasionado de su profesión, prestó gran interés a la conformación de equipos de trabajo para la atención integral del paciente. Como fruto de su esfuerzo sus pares proyectaban distinguirlo por su dedicación con una medalla.
El 22 de diciembre de 1990 unió su vida a la de Miriam Cotsali y la familia creció con el nacimiento de Katja.
Guillermo también se apasionó por la magia y en 2017 empezó a estudiar esa disciplina. Otra faceta de quien fue bautizado por sus pacientes como “manos de ángel”, aquellos que le decían que con él los dolores no eran tan grandes.
Una de sus filosofías fue vivir y trabajar por una sociedad en la que todas las personas fueran consideradas iguales, sin jerarquías. A eso dedicó sus días con honradez, decencia e integridad.
Como hombre de fe, agradeció los buenos momentos y libró sus batallas mas difíciles con su familia como bastión, a todos contuvo a través de su palabra justa, su sonrisa permanente y su humor inclaudicable.
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