Dueña de un entusiasmo que la impulsó a seguir y cumplir sus deseos, gran emprendedora, y exquisita diseñadora de alta costura, falleció en esta ciudad Enriqueta Basilio, reconocida sobre todo por varias generaciones de clientas que valoraron su estilo a la hora de adquirir prendas para alguna fiesta.
Enriqueta Obdulia Basilio había nacido el 9 de febrero de 1937 en General Arenales, provincia de Buenos Aires. A los cinco años, junto a sus padres, Enrique y Carmen, y su hermano, Horacio, se estableció en La Plata.
No fue una mujer domada por las convenciones de la época que la destinarían sólo para los quehaceres domésticos. Aunque nunca descuidó a su familia, supo abrirse paso en años difíciles para una mujer independiente y autodidacta.
A los dieciséis años realizó estudios de diseño y alta costura y un año después, mientras continuaba su formación, comenzó a trabajar en comercios del rubro. Su capacidad casi innata para la venta y la calidad de la confección generaba en los dueños cierta admiración, al punto que recibía ofertas para asociarse. Pero no era su norte. No se detendría hasta tener su propio emprendimiento que en 1971 abriría en la calle 7 entre 55 y 56 con el nombre Enri. En 1975 se trasladó a la esquina de 8 y 55 y posteriormente anexó la firma Francesco.
Trabajo y pasión fueron para ella sinónimos todos esos años. En 2008 cerró las puertas del comercio voluntariamente y algo murió en ella ese día.
Varias generaciones de mujeres platenses cumplieron los quince años, se graduaron, se casaron, fueron madrinas, bautizaron a sus hijos, concurrieron a fiestas y celebraciones, asistieron a sus trabajos, vestidas con sus diseños.
A los diecinueve años conoció a Horacio García, con quien contrajo matrimonio a los veintiuno vestida con su propia confección. Con un compañerismo ejemplar y un amor inextinguible, transcurrirían juntos sesenta años. Tuvieron dos hijos: Marcelo y Fernando. Y tres nietos: Catalina, Amparo y Joaquín.
Siempre mantuvo su alegría y generosidad, que compartía con sus amigos y familiares a lo largo de su vida.
Una impertinencia del destino la llevó al quirófano. Luego, unos meses de combate frente a complicaciones y algunas operaciones más fueron apagando su cuerpo y su espíritu de lucha, hasta el desenlace trágico con 82 años.
Permanecen en todos aquellos que tuvieron la dicha de conocerla sus gratos recuerdos.
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