Un profundo pesar provocó el fallecimiento del ingeniero Héctor Pastor Alcalde, quien, si bien había nacido en el interior bonaerense llegó muy joven a La Plata y en esta ciudad se graduó, trabajó, formó a varias generaciones de estudiantes, constituyó una familia y se relacionó con numerosas amistades.
Nacido en Suipacha, el 29 de marzo de 1930, era el hijo menor del inmigrante vasco Julio Fabiano Alcalde y de Clotilde Martínez Dihel. Creció, junto a su hermano Alberto, entre la vida del pueblo y la actividad rural que desempeñó su padre, referente del sector agropecuario de esa zona de la provincia de Buenos Aires. Los estudios secundarios los cursó, bajo la modalidad de pupilo, en el colegio de los Hermanos Maristas de Luján.
Tras completar el nivel medio, ingresó a facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata. Siguió la carrera durante un año, pero le tocó cumplir con el servicio militar en Mercedes y se vio forzado a posponer su proyecto de formación, el que finalmente completó años más tarde, al recibirse de ingeniero mecánico electricista.
Su trayectoria se encaminó tempranamente entre la investigación y la docencia, dos de sus más grandes pasiones. Todavía daba los últimos pasos en los estudios universitarios cuando ingresó al Lemit. En ese laboratorio, semillero de importantes desarrollos tecnológicos, se jubiló como encargado del departamento de Luminotecnia y Acústica. Fue, desde ese ámbito, una fuente permanente de consulta. Especializado en iluminación de pavimentos, trabajó en proyectos para los accesos de nuestra región y también de otras rutas bonaerenses. Fue el creador, por caso, de un novedoso método para medir la reflexión de la luz.
A la par, impartió sus conocimientos y su experiencia científica en las aulas; tanto de la UNLP -donde culminó como profesor titular de la cátedra Medidas Eléctricas- como en la Universidad Tecnológica Nacional con sede en Berisso -casa de estudios en la que concluyó su carrera docente como jefe del departamento de Ingeniería Mecánica Electricista-.
Cálido, conversador entusiasta, con una tendencia a buscar la paz frente a cualquier posibilidad de discordia, había construido junto a su esposa María Asunción Medrano (a quien conoció en la adolescencia y nunca más se separaron) una sólida familia, que completaron cuatro hijos (Mario, Gustavo, Pablo y Diego) y seis nietos.
Se convirtió en un “tripero de ley” al adoptar a La Plata como ciudad propia.
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