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La Plata, Capital de la memoria

Los soldados de Malvinas
Los soldados de Malvinas
Madres de Plaza de Mayo y desaparecidos
Madres de Plaza de Mayo y desaparecidos

Por JULIÁN PORTELA (*)

“Quien olvida su historia, está condenado a repetirla”: este viejo axioma universal es clave para entender por qué los argentinos nos autoimponemos entre marzo y abril una larga semana de reflexión dolorosa y revulsiva y que apunta a refrescar vivencias colectivas traumáticas y errores institucionales que no podemos permitirnos volver a cometer. Y entiendo que esta recurrente terapia nacional encuentra en nuestra ciudad de La Plata una intensidad inigualable, a saber:

1) DICTADURA Y DESAPARECIDOS (24 DE MARZO):

Ninguna ciudad estuvo tan cruzada por este período negro de la historia argentina como la capital bonaerense, donde son muchísimas las familias que sufren aún por la inmensa cantidad de desaparecidos platenses (mi primer recuerdo es para mi tía Rosario y su esposo Jorge) o las detenciones y los exilios generados por una política oficial de exterminio de toda resistencia política; pero también basta con caminar por sus veredas para toparse frecuentemente con baldosas blancas que identifican un lugar de detención o de un asesinato ilegal de esa época. Es que efectivamente nuestra ciudad fue foco concentradísimo de la época más terrible, en su paradójico perfil de urbe universitaria y administrativa y a la vez cabecera de la policía provincial y de bases militares donde por entonces maniobraron los represores más feroces. Aquí también es donde la represión oficial superó todo límite moral al sacrificarse hasta a adolescentes que pugnaban por boletos de transporte bonificados en la tristemente célebre “noche de los lápices”. Y justo también es recordar que son de nuestra ciudad las máximas referentes tanto de Madres como de Abuelas de Plaza de Mayo (símbolos ya universales de resistencia civil al olvido y la normalización de la injusticia). Finalmente, en cumplimiento del mandato constitucional de legalidad (reforzado especialmente en 1994 con el nuevo art. 36 de la Constitución Nacional), también se vienen desarrollando en el foro platense los más relevantes juicios de la Verdad.

2) MALVINAS Y EL HONOR (2 DE ABRIL):

También proporcionalmente fue nuestra ciudad de diagonales y tilos de las que aportó entonces mayor cantidad de jóvenes para cumplir con el deber constitucional de defensa de la patria, aunque esta vez fuera motivado por el desplante maquiavélico de una dictadura militar en declive. Es que el reclamo legítimo, enfático pero pacífico de soberanía que nuestro país realizó desde siempre sobre un archipiélago geográfica e históricamente argentino pero militarmente colonizado por Gran Bretaña desde 1833, fue interrumpido y desvirtuado por la acción bélica inviable decidida en 1982. El silencio y la vergüenza social que debieron afrontar los soldados a su retorno les ocasionaron más dolor que la propia derrota bélica (la enorme cantidad de suicidios posteriores entre ellos así nos lo enrostra): nuestro deber de gratitud a esos conscriptos (hoy veteranos) que ofrendaron su juventud, su salud, cuando no su vida, será eterno (como intento hoy expresárselo a mi contador Carlos y a mi vecino Jorge). Y nuevamente es nuestra ciudad la que puede focalizar la memoria de este paso crucial de la historia argentina reciente, tanto a través de su geografía (como el céntrico ex Regimiento 7, hoy justamente Plaza Islas Malvinas, o en las calles denominadas en honor a los héroes que perdieron la vida en dicho evento), como también por ser sede de uno de los centros de ex combatientes más grande y activo (el CECIM LP) y de sus acciones recurrentes de concientización del reclamo de soberanía pendiente (como el gigantesco mural de las islas de Plaza Moreno). Fue nuestra Constitución bonaerense también de las primeras en reconocer la necesidad de reconocer a nuestros veteranos de guerra (art. 36.10).

3 ) INUNDACIÓN Y AUSENCIA ESTATAL (2 DE ABRIL):

Mención final merece una tragedia exclusivamente platense, aunque nacionalmente conocida, como lo fue el fenómeno hidro-climático extraordinario producido hace seis años, y que no solo ocasionó el anegamiento de casi media ciudad, sino la muerte de un número aún indeterminado de sus ciudadanos (y esa indeterminación es de por sí ya un indicador negligente). El hecho meteorológico exagerado sería casi anecdótico si no hubiesen fallado todos los resortes estatales de diseño hidráulico urbano, prevención de catástrofes y reacción oportuna de defensa civil, como lamentablemente ocurrió. Por varios días los platenses inundados pululamos como zombies buscando infructuosamente algún tipo de respuesta o contención estatal (con un intendente de vacaciones secretas y sin nadie a cargo de reaccionar con autoridad), pero a seis años ni siquiera la justicia penal ha detectado mayor irregularidad que la de un funcionario menor y en grado de multa, coronando un escenario de nula responsabilidad administrativa y política. Nuevamente solo recorrer las cicatrices que miden en muchas esquinas el nivel del agua y de la negligencia estatal, o los grafitis y los murales relacionados, es un necesario ejercicio de memoria de las consecuencias directas de la convivencia de un Estado ausente y una sociedad despierta.

PROPUESTA CONCRETA:

Por estas tres grandes experiencias (recordando que todo lo que duele es porque realmente importa), creo que existen motivos suficientes para proponer que se analice y se impulse legislativamente (atención legisladores provinciales y nacionales platenses) la nominación de la ciudad de La Plata como Capital de la Memoria, título que con la justificación del dolor sufrido por generaciones enteras de platenses puede servir para que futuros visitantes y sus propios ciudadanos actuales ejerciten (mediante el recorrido de un “Sendero de la Memoria” por los tantos hitos urbanos que la pueblan) el más profundo ejercicio personal y político de la humanidad: recordar para reconocerse y crecer como sociedad.

(*) Abogado constitucionalista

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