En el marco de la muestra de cortos argentinos del festival de cine BAFICI, el joven de Gonnet Bruno Brichetti mostró un trabajo sobre una mujer que siente placer al borde de la muerte.
Una mujer está estacionada al borde de un camino boscoso. Vestida para salir, espera algo. La llaman por teléfono. Parece fastidiada. Por los llamados, pero quizás por algo menos fácil de decir, más inconmensurable. Quizás por todo. Quizás no. De repente, sale del auto hacia el bosque, para probar el límite de su vida.
Así es el inicio del inquietante cortometraje de Bruno Brichetti, “Las alturas”, que completa sus estudios en la Universidad del Cine porteña y que presentó su trabajo en el marco de la muestra de cortometrajes argentinos del BAFICI.
Es, afirma Brichetti en diálogo con este diario, “el primer trabajo con el cual me siento contento con el resultado”, tras varios cortos filmados dentro del marco curricular de su carrera. Y la semilla del relato minimalista y perturbador, explica, se plantó “en una serie de conversaciones con un amigo, en las cuales nos juntábamos a charlar sobre distintas situaciones y personajes que nos parecieran interesantes para explorar el formato de cortometraje. Uno de esos personajes era el de una mujer que siente placer cuando está al borde de la muerte”.
“Hace bastante había visto una serie de fotografías que ilustraban la asfixia con una bolsa y me gustaba la idea de trabajar ese momento y de ligar esa acción a la de un acto sexual. Inevitablemente creo que termina siendo un acto de desesperación, pero de alguna forma uno eufórico, por lo que esa paradoja me parecía muy interesante para explotar visualmente”, analiza el realizador sobre su trabajo, que hace alusión a los “choking games”, juegos de asfixia a menudo ligados a lo sexual y que se viralizaron entre la juventud en los últimos años.
Rodado en el Parque Ecológico con el apoyo de la FUC, que aportó equipos y posproducción, el trabajo de Brichetti coloca a su protagonista excluyente en un marco que como su narración conjuga una cuidada estética y cierto glamour en su protagonista y la puesta (una experiencia estética completada por la elección de la exquisita “I’m Glad” de Captain Beefheart para cerrar el corto) con un elemento ominoso, perturbador, también desde lo visual.
Y construye a su protagonista a través de tres o cuatro indicios, que siembran infinitas posibilidades interpretativas sobre los motivos de su accionar.
“La idea era ir creando una tensión a través de las pequeñas acciones que va haciendo y dejar espacio para el espectador pueda ir construyendo un razonamiento”, explica Brichetti. Y cierra diciendo que “de todas formas, después la experiencia de la asfixia toma un primer plano y se trata más de explorar ese terror a través de sus expresiones que de reconstruir una narrativa”.
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