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“El cuento de las comadrejas”: una comedia elegante y negrísima, y un Campanella nostálgico y sarcástico

Graciela Borges y Luis Brandoni

Por Alejandro Castañeda

EL CUENTO DE LAS COMADREJAS, de Juan José Campanella.- Se trata de una comedia negrísima con pincelazos ácidos, maldades calculadas y buenos modales. Otro Juan José Campanella, menos romántico y mas sarcástico.

Su registro parece florearse en una criminalidad amable que hasta permite ver la muerte como parte de ese mundo donde la ficción suena más real que la vida. Porque allí vive Mara, una vieja gloria del cine nacional, junto a tres amigos: su amor, un actor que se quedó carreteando, el guionista y el director de sus filmes.

La vejez los ha vuelto cínicos, ásperos y aburridos. Ella sigue siendo la estrella en esa casona que es como otra escenografía de su época dorada. Anda entre estatuillas, collares, ratas y escopetazos. Los cuatro sobreviven en una existencia casi de utilería, apegados a pequeñas rutinas y pullas maliciosas.

Y allí llega una pareja de jóvenes que dice adorar a Mara. Ella revive, pero los tres hombres sospechan de tanta devoción. La comedia costumbrista va virando hacia el thriller y Campanella trae un horror estilizado que tiene más elegancia que potencia.

El filme está lejos de sus grandes obras (“El secreto de sus ojos” y “El mismo amor, la misma lluvia”) sobre todo porque su registro, sensible y elocuente a la hora de retratar esos amores nobles y accidentados, ha tenido que hacerle lugar a un cine distante y algo recargado que suena algo teatral con sus planos y contraplanos y sus réplicas irónicas.

Campanella juega entre el ayer y el hoy. Alguna vez apeló a un viejo equipo de Racing (“El secreto de sus ojos”), a clubes lejanos (“Luna de Avellaneda”) y al viejo cine nacional –ahora- para dejar que la añoranza ayude.

El filme no entusiasma, pero interesa, tiene un buen trabajo de Graciela Borges y acredita más de un hallazgo, como cuando la Mara actual habla sobre el rostro de la de Mara lejana. El ingenio, la amistad, el recuerdo y el homenaje ocupan su lugar en este tributo al ayer, no sólo al viejo cine, sino también al amor reencontrado, a la amistad duradera y a la lúcida vejez.

(***BUENA)

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