Tan alegre y vivaz como inteligente y profunda; con una vida repartida entre varios intereses por los que pugnó y logró satisfacer; y entregada a su entorno más cercano. Así fue la contadora Marcela Franchimont, quien falleció a los 62 años, después de una enfermedad contra la que peleó con entereza.
Marcela Ana Franchimont había nacido en esta ciudad el 19 de marzo de 1957. Fue la hija mayor del matrimonio formado por Jorge Franchimont y Angela Del Río. Compartió la infancia y la adolescencia con sus hermanos, Jorge y Pablo. Los estudios básicos los cumplió en el Colegio Misericordia. Muy buena alumna, capaz y aplicada, no bien egresó del secundario comenzó a enseñar la materia Contabilidad en ese tradicional establecimiento educativo. Siguió luego la carrera de Contadora Pública Nacional en la facultad de Ciencias Económicas de la UNLP y, con una enorme facilidad para el estudio, se recibió rápidamente. Los primeros tiempos trabajó para otros estudios y finalmente montó el propio junto a un socio.
En la familia depositó todo su amor y confianza. Casada con el cirujano vascular Hernán Barci durante más de treinta años, la pareja tuvo dos hijos: Denise (médica) y Mariano (informático). Su nieto Agustín fue motivo de suma felicidad en los momentos más críticos de los últimos años.
Le encantaba cantar y bailar y lo hacía en su casa, para relajarse cuando volvía de trabajar, y en las reuniones sociales, con familiares y amigos. También disfrutaba del verdor de la casa quinta de Gómez, donde acostumbraba a ir los fines de semana y se dedicaba, con un particular entusiasmo, a mantener las plantas.
Viajar, a lejanos destinos o a cortas escapadas junto a los suyos, era para ella otro plan movilizador. El mar estaba entre sus paisajes favoritos y, seguidora de las filosofías vinculadas al yoga, sostenía que esos lugares la recargaban de energía.
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