Luego de una enfermedad que lo afectó durante un largo tiempo, falleció, a los 81 años, el médico Antonio Giambelluca. Protagonista de una destacada trayectoria tanto en la atención clínica como en la docencia universitaria, su partida despertó numerosas muestras de pesar.
Antonio Alberto Giambelluca, conocido en su entorno como “Tito”, había nacido en La Plata el 13 de octubre de 1937. Hijo de Julián Giambelluca, un inmigrante italiano que se estableció en esta ciudad, e Isabel Malatesta, creció junto a su hermano mayor, Roberto.
Completó los estudios primarios en la Escuela Nº 45 y se recibió de bachiller en el Colegio Nacional. Ingresó a la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, obtuvo el título de grado y se especializó en clínica.
Como profesional se desempeñó en el Servicio Penitenciario (donde se jubiló) y en su consultorio particular. Con la misma entrega que volcó en cada paciente enseñó en las aulas de la facultad de Ciencias Exactas, donde fue profesor de la cátedra de Anatomía de la carrera de Bioquímica.
Hogareño, apegado a su familia, y no muy afecto a las salidas que no incluyeran a los suyos, matuvo sí con el grupo de compañeros de la promoción ´55 del Colegio Nacional una amistad sólida y duradera que se renovaba todos los años con la clásica reunión de egresados.
Se casó con la profesora de Geografía Emilce Speziale y con ella fundó una familia muy unida que se proyectó en dos hijos (Analía y Luis) y en una hija “de corazón” (Tina) que el matrimonio crió desde pequeña y que falleció. Sintió adoración por todos sus nietos (Yésica, Ayelén, Francisco y Laura).
Se distinguió por su excelente carácter, su trato cordial y sus conversaciones amenas.
Más allá de su actividad profesional y de su tarea docente, disfrutó de distintos pasatiempos, como la lectura (leía con avidez lo que caía en sus manos), los viajes (cumplió el sueño de varios itinerarios junto a su esposa), y los encuentros en que toda la familia se reunía.
En sus años más jóvenes le dedicó parte de su agenda a los más variados deportes.
La enfermedad lo sorprendió cuando era todavía una persona jovial y llena de proyectos. No obstante, hizo frente a la adversidad con valor y entereza. Para atravesar, además, esos momentos difíciles, contó con el apoyo incondicional y todos los cuidados de su esposa, hijos y sus queridos nietos.
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