Provocó una profunda tristeza en la Ciudad el fallecimiento, a los 93 años, de Nilda Becchio, una caracterizada vecina que dedicó su vida a la atención y el cuidado de los suyos y que será recordada, en sus círculos de allegados, por su calidez y sus gestos amables.
Había nacido el 14 de agosto de 1925. Hija del inmigrante italiano Juan Becchio y de una platense descendiente de ese origen, Celestina Crocce, creció en Tolosa, entre la casa familiar y la panadería de su padre, junto a sus hermanos mayores Néstor y Hugo. Como se acostumbraba en esos tiempos, fue a la escuela del barrio, y completó entonces sus estudios primarios en la Nº 31, situada en 3 entre 527 y 528.
Se casó a los 20 años con Dardo Pereira, comisario mayor de la policía. Con él tuvo dos hijos, Dardo (reconocido odontólogo de la Ciudad) y Juan Carlos (empleado del Banco Provincia y ahora jubilado). Así como se entregó primero a la familia que formó junto a su esposo, mostró luego, con el correr de los años, un amor incondicional hacia sus nietos Verónica, Mariano, Lautaro, Juan Bautista, Juan Pablo, Valeria y Melisa. Tuvo doce bisnietos.
Enraizada en la cultura italiana, que su padre tan bien le supo transmitir, disfrutaba de interpretar las canciones que había aprendido de escucharlas, como un sonido cotidiano, en su infancia, y no había reunión familiar o social en la que no se diera el gusto de entonarlas.
Esa misma pasión la volcó en el arte de la cocina, que practicó, como se hacía antaño, todos los días, pues en el hogar que fundó elaboraboraba los más diversos sabores “caseros” de las costumbres culinarias italiana y argentina.
Viajar le causaba un enorme placer y en ese sentido le sacó un buen provecho a las propuestas turísticas de distintos grupos de adultos mayores. Pudo, incluso, cumplir uno de sus más ambiciosos sueños, que fue conocer Brusasco, el pueblo cercano a Turín donde nació su padre.
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