Que el fútbol nuestro se está acostumbrando a los descalabros no tiene mucho de novedoso, mientras a cada momento surgen episodios que van robusteciendo la idea de que las malas decisiones siguen ganando terreno. La confirmación de Lionel Scaloni al frente de la Selección “a pedido” de los jugadores resulta otro paso discutible que acaban de dar quienes tienen a su cargo la toma de medidas clave.
En la reunión entre Tapia y Menotti en la que se decidió dar un paso adelante para la continuidad del entrenador santafesino tuvo un impacto decisivo –de acuerdo a lo que coincidieron en afirmar quienes siguen de cerca los movimientos del equipo nacional--, el visto bueno de los jugadores. Aquella semilla que plantó Lionel Messi durante la Copa América de Brasil la terminaron cosechando los dueños de las decisiones en la AFA: “Este grupo ama a la selección, quiere estar. Hay futuro. Ojalá se lo respete y no se le dé desde el vamos. No sería justo. Que sigan”, había dicho el capitán del equipo nacional después de ganar el partido por el tercer puesto ante Chile.
El mundo al revés. Los dirigidos elegían a quien deberá conducirlos. Encima se privilegió la inexperiencia con los riesgos que ello entraña. El entrenador extendía su pasantía, con posibilidades ciertas de conducir el equipo en el Mundial de Qtar, con un curriculum muy flaco: sólo quince partidos en su haber, los que dirigió al combinado. Antes Scaloni tuvo un breve paso por las divisiones formativas de un club europeo y fue el coordinador de los videos en el equipo técnico comandado por Sampaoli para Rusia 2018. Poco recorrido para hacerse cargo de tamaño desafío.
Tanto el presidente de la AFA como el director de selecciones han confiado en los argumentos de Scaloni para hacer frente a la Copa América, que el año próximo se disputará en Argentina y Colombia, más la dura travesía de las Eliminatorias en las que, salvo Bolivia, habrá nueve equipos en condiciones de dar pelea para viajar a Qatar. En todo caso tampoco se ha tenido en cuenta que un equipo en formación y en tiempo de recambio como el actual, con abundancia de futbolistas jóvenes, necesitan más que ninguno del peso de la experiencia de su conductor.
La propuesta de Scaloni comenzó a quedar renga con el correr de los desafíos. Los amistosos previos a Brasil ya habían dejado dudas que se acrecentaron a la hora de la Copa América. Sucesivas pruebas e incertidumbre en algunos puestos –convocó a ocho arqueros por ejemplo--, la ausencia de un derrotero táctico—con decisiones desconcertantes, como la línea de cinco ante Venezuela en Madrid--, algunas formaciones discutibles y cambios inexplicables dejaron muchas más cuestiones para el debe que en el haber.
En tiempos de notable fragilidad en cuanto a los procesos impulsados en torno a la Selección no queda lugar para las pruebas. Los éxitos y el poderío que supo tener nuestro equipo nacional estuvieron emparentados a los procesos duraderos y a la talla de quienes los emprendieron. Basta con apuntar que de Menotti a Bielsa, entre 1974 y 20o4 o sea en tres décadas, pasaron cinco entrenadores –los nombrados más Bilardo, Basile y Passarella. De 2004 a 2019, en apenas 15 años, ya se pusieron el buzo de DT diez, incluido el propio Scaloni.
El barco de la Selección –han dicho algunos—capitaneado por Messi y los jugadores, seguirá con Scaloni a bordo presuntamente por tres años y medio más. ¿Llegará a buen puerto?
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