Finalmente, el gobierno comunal parece decidido a dar batalla en contra de la venta ilegal en las calles de la Ciudad. Al menos, así parece demostrarlo la profusión de operativos que se realizan desde el lunes por la mañana y que, al parecer, tendrán continuidad en los próximos días.
No será tarea fácil la de buscar poner en caja una situación que, a ojos vista, se había desmadrado en las calles platenses.
La “batalla” contra la venta ilegal, en cierta forma, divide bandos en la Ciudad. Más allá de las quejas de los afectados, a los que se les secuestra la mercadería y de las opiniones interesadas de activistas políticos que intentan sacar tajada de la situación, aparecen no pocos vecinos que critican los procedimientos policiales y definen la situación como una “guerra de pobres contra pobres”.
Obviamente, no es esa la postura de los comerciantes legalmente establecidos y que ven en los manteros una inequívoca competencia desleal.
La apertura de un predio con 400 lugares habilitados para este tipo de actividad se ofrece hoy como una opción para los que trabajan en las calles. La propuesta, por el momento, resultó atractiva apenas para unos 50 feriantes quienes aceptaron ubicarse allí, frente a una mayoría que aduce que la lejanía de ese predio atenta contra la posibilidad de tener buenas ventas. El argumento, por cierto, es rebatible. Si la oferta es buena, la gente siempre acompaña.
Pero más allá de las disputas y posiciones encontradas que generan los operativos, la cuestión de fondo y sobre la que aun no hubo respuestas, debe provenir desde la Justicia.
Hasta el momento, no hay avances que permitan determinar el origen de las mercaderías -generalmente de marcas falsificadas- que se ofrecen a la venta. No se sabe tampoco como llega a manos de los manteros, ni como funcionar un circuito de comercialización sobre el que, además, sobrevuela la nunca desmentida sospecha de la existencia de una mafia relacionada con el tráfico de personas.
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