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Antonio Tabucchi o del actor Marcelo Mastroianni pero en la película “Sostiene Pereira”. Gracias)
Antonio Tabucchi o del actor Marcelo Mastroianni pero en la película “Sostiene Pereira”. Gracias)
Umberto Eco / web
Umberto Eco / web
Alessandro Baricco / web
Alessandro Baricco / web

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

Novelistas italianos que defienden los sueños, frente a un mundo dominado por la tecnología. Alessandro Baricco, Antonio Tabucchi, Roberto Saviano, herederos de Umberto Eco. El bastión creativo de Italia

Frente a un mundo dominado por las tecnologías, por la imperativa presencia de internet y la amenaza de un porvenir cada vez menos subjetivo –una realidad regida por rigurosos controles impersonales- buena parte de los escritores apuestan a una literatura distópica, comprensiva de esas desanimadas leyes. La distopía pareciera que hoy avanza pujante en editoriales y librerías. Sin embargo, algunos ejemplos –no sólo ilustres, sino acompañados por éxitos espectaculares en las ventas- contradicen a esa tendencia que hoy aparece como narrativa dominante. Así, la literatura italiana es un ejemplo de ello, convertida, acaso, en el más resistente bastión de las utopías.

Por el aún cercano 2000, el intelectual, escritor y semiólogo Umberto Eco (1932-2016) anunció que reivindicaba “el poder de la utopía” en su novela “Baudelino”, que “es la historia de un niño mentiroso, pero que todo lo que inventa se convierte en realidad. Al final viaja al Oriente en busca de los monstruos que describen los bestiarios medievales”, dijo Eco.

¿Qué pensaba Eco de la tecnología que arrasa y disciplina a lo contemporáneo? La respuesta no es sumisa: “Las nuevas tecnologías son como el whisky. Tomarse uno o dos es hasta bueno, pero beberse una botella es perjudicial. El imbécil que se pasa todo el día en Internet es un enfermo. Las tecnologías hay que utilizarlas de forma instrumental y no de modo mágico”.

Agregaba que “el resultado de la ausencia de información o del exceso de ella”, que es lo que permite Internet, “puede ser el mismo”. “El problema que se nos plantea es cómo seleccionar la información. Pero la abundancia es garantía de democracia y, por tanto, es preferible el exceso a la carencia. La única forma de control por parte de los gobiernos debe ser la persecución de los comportamientos delictivos, caso de la pedofilia, pero ni aun una página racista debe ser censurada porque esas ideas también tienen derecho a expresarse”.

Como un rector luminoso, Eco abrió nuevos rumbos y los italianos cuentan con una novelística imaginativa, en la medida en que no se inclina reverente ante ninguna atadura formal y no acata las leyes que pretenden imponerse. En su artículo “500 años de Utopía”, publicado en el madrileño “El País”, el filólogo venezolano Mariano Nava Contreras apadrina esa nota en esta cita de César Vallejo: “Hay un lugar que yo me sé/ en este mundo, nada menos/ adonde nunca llegaremos”.

En ese artículo dedicado al libro de Tomás Moro reseñó la pretérita historia de las utopías: “No creamos que la descripción de sociedades perfectas en lugares inexistentes fue una invención de Europa en la era de los descubrimientos. Ya entre los antiguos griegos, los poemas de Homero y Hesíodo, así como las Historias de Heródoto y las comedias de Aristófanes están llenas de estos lugares fantásticos. Más tarde Platón describirá las más célebres utopías, no solo en su República. La descripción de la antigua Atenas, de la Atlántida y de Magnesia en el Critias, el Timeo y las Leyes se deben a su fecunda imaginación. A él debemos una tradición de utopías filosóficas que va de Aristóteles y los estoicos a Cicerón. Lo que no hicieron los antiguos fue ponerle nombre a estos lugares inexistentes. Umberto Eco, en su Historia de las tierras y los lugares legendarios, repasa la larga historia de las utopías”.

“La única vanguardia es la publicidad”, dijo alguna vez Antonio Tabucchi

Y agrega Nava Contreras que entre nosotros, los sudamericanos, “no es posible entender los proyectos constitucionales de Miranda sin la influencia de las ideas de Moro”. La emancipación americana, hija de una utopía. Pero atención, añade el filólogo, “utopía no significa un sueño o un proyecto lejano que debemos alcanzar o realizar. Significa, al contrario, que ese sueño está destinado a nunca cumplirse, a no poder llevarse a cabo nunca”. El que persigue una utopía no sueña solamente, también lucha.

ANTONIO TABUCCHI y ALESSANDRO BARICCO

“La única vanguardia actual es la publicidad”, dijo alguna vez Antonio Tabucchi (1943-2012), considerado junto a Alessandro Baricco entre los dos escritores italianos contemporáneos más destacados. Y también resistidos, porque hicieron de sus sueños, de sus viajes casi mágicos, de sus confrontaciones con la realidad práctica, el eje de sus obras.

Entre los libros más conocidos de Tabucchi figuran Notturno Indiano (Sellerio, 1984), Piccoli equivoci senza importanza (Feltrinelli, 1985), Un baule pieno di gente (Feltrinelli, 1990), Gli ultimi tre giorni di Fernando Pessoa (Sellerio, 1994), Sostiene Pereira (Sellerio, 1994), La testa perduta di Damasceno Monteiro (Feltrinelli, 1997) y Si sta facendo sempre più tardi (Feltrinelli, 2001).

Varios de sus libros fueron llevados al cine y, acaso, corresponde destacar a “Sostiene Pereira”, donde Marcelo Mastroianni realiza una de sus últimas interpretaciones. Allí representa a un periodista portugués casi anciano que escribe notas intrascendentes y que confronta con uno más joven, este último obsesionado por luchar contra la dictadura de Salazar en Portugal. Es la realidad contra el sueño, lo distópico contra lo utópico. El joven muere asesinado por la dictadura y el viejo (Mastroianni) decide entonces reemplazarlo y escribe una proclama incendiaria contra Salazar. El último minuto de la película se ve a un Mastroianni (en la vida real ya era ciertamente un anciano y un año después falleció) irse convirtiendo –la mutación ciertamente deslumbra- en un joven sonriente, que camina feliz hacia el exilio, hacia ese mundo del que habló Vallejo “adonde nunca llegaremos”.

El caso de Alessandro Baricco (1958- ) es distinto, aún cuando los sueños pueblan sus novelas: “En el mundo hay un único peligro: morir de falta de intensidad, apagarse”, dijo alguna vez. Se hizo universalmente famoso por su novela “Seda” publicada en 1996, traducida a casi veinte idiomas y con 40 ediciones sólo en España. El personaje central es un francés que viaja primero a Arabia y luego a Japón para importar gusanos de seda. La trama es casi mágica y está relatada con sobriedad.

Baricco expresó alguna vez: “Si tienes miedo al fracaso, no has nacido para escribir. Lo suyo han sido sueños y mucha vigilia por llegar a ellos. Fundó en Turín, en 1994, la Escuela Holden, una institución privada famosa en Europa y el mundo entero, destinada básicamente a la formación de narradores. Alguien definió a esa escuela, que tiene unos trescientos alumnos, como “un gimnasio para desarrollar la musculatura de la novela”

Para muchos expertos, la escuela de Baricco es una extension generosa de su talento, de su estilo inimitable inspirado en lecturas de Dino Buzzatti, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, J. D. Salinger, de Borges, de Antonio Tabucchi y de aquel otro escritor-periodista que es Gabriel García Márquez, fundador de la ciudad utópica, Macondo, más visitada del mundo. Baricco define su destino literario de esta forma: “

UTOPIAS CONTEMPORANEAS

El escritor italiano Pino Cacucci (1955-) dice en “Nuevas tendencias en la literatura italiana contemporánea” que “con el establecimiento del nuevo milenio, una ráfaga de aire innovadora ha empezado a soplar en las librerías italianas”. Entre otros integran la camada de utopistas –pues así los describe- Roberto Saviano (con su novela “Gomorra”, un éxito en las librerías del mundo), Carlo Lucarelli, Marcelo Fois, Mássimo Carlotto, Giancarlo De Cataldo, descendientes, dice, de una línea que va de Tomasi di Lampedusa a Pirandelo, de Manzoni a Pratolini, de Anna Banti a Bacchelli. A partir de Eco, ellos reivindican la narración del pasado, sin dejar de estar en la calle: “los escritores que se reconocen en esta nueva tendencia de la literatura contemporánea italiana llevan a cabo una exhaustiva investigación hemerográfica para reconstruir las incontables historias de seres humanos olvidados por la Historia (con mayúscula)”.

Para muchos expertos, la escuela de Baricco es una extensión generosa de su talento

“La utopía –agrega Cacucci- es un término útil para entender lo que anima a estos escritores que obtienen un creciente éxito entre los lectores. Se trata de la utopía de una sociedad más justa y donde el poder político ya no es cómplice ni instrumento del crimen organizado, que ha impulsado a Roberto Saviano a escribir Gomorra y a poner en riesgo su vida. O bien la utopía de los ideales que han enardecido a las Asturias en los años 30 y cuyas revueltas sociales de los mineros fueron reconstruidos por Bruno Arpaia en la novela “Tempo perso”, o la utopía de oponerse al capitalismo (en los Estados Unidos como en otras latitudes) que permea algunas novelas de Valerio Evangelisti, así como buena parte de la obra literaria de Stefano Tassinari, que llega incluso a ambientar una novela, “I segni sulla pelle”, en la masacre de manifestantes en el G8 de Génova en 2001”.

Es bueno verlas así. A las letras de la vieja Italia, rejuvenecidas en utopías.

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