Una barrendera rusa, víctima de una estafa, adeuda a un banco unos U$S 30 millones que debe saldar mensualmente con la mitad de su sueldo. Tras la entrevista de trabajo, la mujer firmó “unos papeles” a exigencia del empleador y se convirtió en fundadora y directora de una firma que había solicitado un préstamo de 32 millones de dólares al banco y que en breve “se declaró en bancarrota”.
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