Un caño de agua roto. Una obra sin concluir. Y un desagradable olor pestilente con el que desde hace tres meses conviven quienes viven en 7 y 509, en cercanías de la estación de trenes de Ringuelet.
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Por Redacción
Un caño de agua roto. Una obra sin concluir. Y un desagradable olor pestilente con el que desde hace tres meses conviven quienes viven en 7 y 509, en cercanías de la estación de trenes de Ringuelet.
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