Terapeuta reconocido en la Ciudad por sus innovadores dispositivos analíticos; docente universitario de larga trayectoria; y referente en técnicas de psicodrama, falleció, a los 80 años, Carlos Alberto Alegre -”Caquey”-. Se lo recordará en los distintos círculos que integró y entre su familia y amigos por su singular personalidad, su disposición a atender las demandas de la salud mental que caracterizaron a su época y su riqueza intelectual, tan amplia que abarcó, además de los temas de su profesión, las ciencias sociales y el arte.
Había nacido en La Plata, el 28 de julio de 1939. Hijo mayor de Carlos Alegre y Julia Dillon, creció junto a dos hermanos: Julia y Federico.
Una vez egresado del Colegio Nacional ingresó a la Universidad Nacional de La Plata y se graduó con el título de médico. Como la mayoría de los recién recibidos en esa carrera se inició con la práctica de guardias en los hospitales, en su caso en el San Martín y el Naval.
Fue después de un tiempo de ejercer como clínico que empezó a inclinarse al tratamiento de los problemas emocionales y decididamente volcado a esa área de la salud se incorporó a las clases que dictaba en la Asociación Platense de Psicoterapia, con sede en la calle 50 entre 9 y 10, su fundador, el psiquiatra Dalmiro Bustos. Ahí completó primero su posgrado de Psicoterapia Psicodramática y comenzó, asimismo, a atender pacientes y a formar a las nuevas generaciones de especialistas.
Alternó durante largos años la consulta particular, la enseñanza de seminarios en la sede platense y en su par, inaugurada en Montevideo, Uruguay (adonde viajaba periódicamente) y las clases en la carrera de Psicología que por entonces era parte de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, donde dictaba “Psicoterapia”.
Amante de la lectura, se interesó por la literatura, las artes plásticas, la historia, la música y la política y encontraba un particular placer al conversar sobre todos esos temas.
Mantuvo por siempre a los amigos del barrio, aquellos que como él, en la infancia y la adolescencia, concurrían al club Atenas, y durante décadas se reunieron, sin faltar a la cita, todos los miércoles.
Su primera esposa fue la psicoterapeuta Nilda Galina. Con ella tuvo a sus hijas María, Eleonora, Virginia y Cecilia. El matrimonio se divorció y, en pareja luego con la psicóloga Patricia Maestri, fue padre de Juan Tobías.
Tuvo nueve nietos.
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