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DATING APPS

El amor en los tiempos del algoritmo

Las aplicaciones de citas, un mundo donde pesan las probabilidades estadísticas y los números suelen sintonizar con preferencias de la vida real, ganan terreno y suman cada vez más seguidores. Datos y testimonios

Las aplicaciones de citas se convirtieron en una herramienta frecuente para conocer personas/shutterstock

Federico Volinsky -creador de la aplicación de citas online blindlove- y Eugenia hoy están casados y tienen un hijo juntos

Las aplicaciones de citas se instalaron como otra forma de conocer gente y, con ese propósito, algunas favorecen encuentros entre personas que se atraen físicamente y otras, incluso antes de mostrar la imagen del usuario, generan opciones o encuentros virtuales a partir de intereses en común. Según los creadores de estas apps, para establecer estos “matches” o posibles flechazos se tienen en cuenta situaciones de la “vida real” y datos que las propias plataformas tienen en cuenta para propiciar los contactos. ¿Pero cuánto hay de búsqueda personal y cuánto de información tamizada por la fría mirada de cálculos estadísticos?

Como tal vez se sepa, los algoritmos que están detrás de las distintas modalidades de apps de citas se nutren tanto de datos básicos que dan los usuarios -género, edad, ubicación geográfica- como de otros que surgen del uso, como la cantidad de “likes” y de rechazos que recibe cada persona. “Si una persona es rechazada consecuentemente, queda marcada de una determinada manera y se trata de ‘matchearla’ con otras que tengan el mismo nivel de rechazo”, detalla Guillermo Zajic, analista de sistemas graduado en la UBA y CEO de la empresa Medullaris, dedicada a la tecnología de los negocios digitales.

Los algoritmos se basan en los datos que da el usuario y en los que surgen del propio uso

 

Por otro lado, las aplicaciones detectan a aquellos que “rechazan a mucha gente y, a su vez, tienen buen levante y los categoriza por encima de quienes le dan ‘like’ a todo”, explicó Zajic. De esta manera, las apps seleccionan un subconjunto del total de las personas registradas para mostrarle a cada usuario.

“Así en las apps como en la vida, los lindos salen beneficiados”, dice Noelia, quien tiene 36 años y es usuaria de tres aplicaciones de citas. Pero agrega: “No creo que en el mundo de las apps los lindos se vean más favorecidos que en el mundo real o lo que sería el levante en un boliche. Hay un tema de apariencias que nos atraviesa”.

Con todo, hay quienes proponen ir a contramano de la lógica de las apariencias, como Federico Volinsky, que creó una aplicación de citas inspirado en su historia personal y la llamó “BlindLove”. Federico es argentino, vive en Miami hace 22 años y está casado hace tres con Eugenia, una modelo uruguaya a la que conoció en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común en Buenos Aires.

“Yo no era el tipo de hombre con el que ella estaba acostumbrada a salir, por la diferencia de estatura, más de 10 centímetros”, cuenta Federico, y agregó que en aquella fiesta él se acercó a su actual esposa pero sin obtener grandes resultados.

“Cuando volví a Miami la ‘stalkeé’ por Facebook e Instagram, a la semana le mandé un mensaje y ese día nos quedamos hablando siete horas y media. Era sábado a la tarde, todavía me acuerdo”, contó. Tres semanas después, Federico y Eugenia se dieron cita en Montevideo, hoy están casados y tienen un hijo juntos.

En enero de este año Volinsky lanzó BlindLove, a la que definió como “la primera ‘love app’ no de citas”, ya que propone una “conexión verdadera” que va más allá de la atracción física.

Con ese objetivo, BlindLove pide a sus usuarios que completen su perfil con una serie de “hashtags” que reflejen sus gustos e intereses, además de brindar algunos datos básicos, como edad, sexo y ubicación geográfica. Del resto se ocupan los algoritmos, que crean “matches” a partir de los datos básicos y los intereses en común.

Cuando ocurre un “match”, los dos usuarios en cuestión pueden intercambiar mensajes, pero al principio verán la foto del otro desenfocada y mientras la conversación continúe la imagen se revelará cada vez más.

La charla puede ser por mensajes escritos y de voz, y hay también una función que se llama “ask on a date”, que es un banco de ideas de citas pensado para quienes tienen vergüenza de dar el primer paso e invitar al otro a un encuentro.

“Si alguien invita formalmente a otra persona a una cita, tiene más chances de que le digan que sí”, aseguró Federico. Así, BlindLove propone una manera diferente de comenzar y sus algoritmos funcionan de acuerdo a la historia de su creador, para quien “el amor es también tomarse el tiempo de conocer al otro”.

 

Amor online
Cerca de 200 millones de personas a nivel global usan este tipo de apps cada mes y se calcula que casi el 50 por ciento de sus usuarios conoció a su actual pareja online

 

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