Una gran tristeza causó en el mundo de las letras la muerte, a los 85 años, de Susana Mabel Cantero. Protagonista de una vida que no le ahorró amarguras pero le brindó, asimismo, interesantes oportunidades, la ensayista de temas indoamericanos, dueña de un carácter enérgico y emprendedor, fue una reconocida dirigente en instituciones culturales locales y nacionales, como la Sociedad de Escritores de la Provincia -SEP- y la Sociedad Argentina de Escritores -SADE-.
Tuvo una trayectoria personal de inicios difíciles, que incluyó momentos de desamparo. No solía hablar mucho sobre su infancia, sin embargo, sintetizaba, a grandes rasgos, que había nacido (el 13 de junio de 1934) en la capital federal; que no había conocido a su padre; que su madre la abandonó siendo una bebé y que la crió en el litoral argentino una abuela guaraní.
Al fallecer su abuela se quedó sin soportes familiares y la derivaron a un instituto de guarda de menores. Egresó del sistema y se fue a vivir a la capital federal.
Inteligente e ingeniosa se valió de un aprendizaje casero, el zurcido invisible, para ganarse la vida durante un tiempo: dejaba tarjetas con sus referencias en los hoteles porteños de categoría y así los huéspedes que requerían de un arreglo se comunicaban con ella para el trabajo.
En tanto, escribía sin parar, aunque todavía no publicaba.
De crecer en el contexto de los grupos originarios le vino la fruición a indagar en las líneas etnolingüísticas americanas, y se convirtió, como autodidacta, a partir de su apasionamiento por la lectura, en una conocedora indiscutible del indigenismo. Investigó, escribió y publicó en esa línea diversos textos.
Supo de compensaciones. En 1976 se casó con su gran amor, el escritor, platense por adopción, Francisco Guerrero (fallecido en 2009) y se radicó en esta ciudad. El era viudo y un año antes había sido invitado a los almuerzos de Mirtha Legrand. Ella coincidió en la mesa, pues a la diva televisiva le interesó su presencia porque por ese tiempo Susana manejaba un remís en Buenos Aires y ser mujer al volante en un transporte de pasajeros en esa época despertaba curiosidad.
Junto a su marido, y a otras figuras literarias de su generación le imprimió entusiasmo y empuje a los primeros años de la SEP.
Fue distinguida en 2008 como “Mujer destacada platense”.
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