Alfredo Aldet fue un virtuoso médico cirujano que por más de cuatro décadas salvó miles de vida, pero además fue un respetado maestro para el personal de salud y un hombre de valores ejemplares. Por esas razones, su fallecimiento fue una gran pérdida tanto en esta Ciudad como en Chascomús, donde estaba radicado desde 1960.
Había nacido el 19 de febrero de 1929 en Villaguay, Entre Ríos, y luego de completar la secundaria, se mudó a La Plata para ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. A la par trabajó como preceptor en el Colegio Nacional “Rafael Hernández”.
Se graduó como médico con excelentes promedios y desarrolló una carrera de gran prestigio. Fue discípulo y trabajó por algún tiempo junto al profesor y doctor José María Mainetti.
Ya radicado en Chascomús, se desempeñó en la Clínica Privada Dr. Raúl Michelini, que luego se llamó Chascomús; en la Clínica Privada Alvear y en el Hospital Municipal San Vicente de Paul, donde tiempo atrás fue distinguido por su trayectoria con la colocación de una placa.
A lo largo de sus cuarenta y tres años de labor médica inició sus jornadas a las cinco de la mañana, momento en el que se abocaba a estudiar las historias clínicas de cada paciente para desarrollar las prácticas quirúrgicas y fijar las técnicas y estrategias adecuadas a cada caso. Mantuvo un pormenorizado registro de cada una de sus 14 mil cirugías; llegó a hacer hasta siete operaciones en una sola jornada de trabajo.
Alfredo Aldet fue un hombre de ciencia, pero también alguien de profunda fe que solía rezar y encomendarse a Dios ante cada operación para que todo saliera en beneficio del paciente.
En el plano institucional fue miembro titular de la Asociación Argentina de Cirugía, miembro fundador de la Sociedad de Gastroenterología de la Provincia de Buenos Aires, miembro fundador del Centro Oncológico de Excelencia de La Plata y médico avalado por la Academia Nacional de Medicina. También fue especialista jerarquizado en Cirugía General por el Colegio Médico de la Provincia de Buenos Aires y, luego de acogerse a su jubilación, fue distinguido por la Asociación Argentina de Cirugía como “Miembro Emérito” de esa institución.
Consolidó su proyecto familiar junto a María Teresa Pena, de la unión nacieron sus hijos Julieta, Sandra y Alfredo. También fue abuelo de Javier, Francisco, Ignacio, Juan, Paloma, Eloísa, Tomas, Paz, Aquiles y París.
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