Los analistas del fenómeno, que nació en 1956, en la esquina de 10 y 40 con la quema de un muñeco que representaba a un jugador de Defensores de Cambaceres, han sostenido que en la caída del número de momos (el boom fue en los 90 con hasta 300 figuras) inciden tres factores: el cultural, el económico y el normativo. El factor cultural es aquel al que se refieren los vecinos al pie de los momos: el barrio, escenario necesario para el surgimiento de los muñecos, ya no es lo que era cuando estos nacieron. Cuestiones vinculadas a la seguridad hacen que los chicos ya no jueguen solos en las veredas y se fortalecen los vínculos escolares y de las actividades extra escolares frente a los barriales. Además, para la nueva generación de nenes las nuevas tecnologías resultan más atractivas que el armado de un muñeco y es difícil para la tradición competir con tabletas, celulares y otros dispositivos. Además, las regulaciones hacen que ya no sea tan sencillo cumplir con los requisitos. Este año, claro está, se sumará el factor pandemia.
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