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Cacho Delmar o el señorío

Héctor delmar

Por Abel Blas Román

El sábado 3 de octubre de 2020 el aislamiento social se tornó más triste que nunca, por todas las arterias de la ciudad, circuló la noticia. Por él ámbito ancho de la moda con los desfiles que iluminaba la presencia de Mirtha Legrand, y que dieran el puntapié inicial a tantas hermosas mujeres argentinas como Teresita Calandra, Teté Coustarot, Susana Giménez, Mora Furtado, Chunchuna Villafañe y más , pero recorrió también el espinel empresarial de La Plata con sus tiendas insignias: “El Siglo”, “Gath y Chaves”, “Montequín” “Vicent”, “Filardi” y brillando en la por entonces bellísima Avenida 7, la Casa Delmar frente a la señera Universidad Nacional, y en la puerta, parado con su planta sobriamente elegante y el semblante singularmente simpático de “Cacho Delmar” mirando pasar con sus agudos ojos celestes a las “mujeres más lindas del mundo” según el poeta Rafael Arrieta en su libro , titulado, en llamativo sino: “La ciudad del Bosque”.

Pero la noticia también se expandió hasta el Barrio del Mondongo, y resonó en el espacio vacío de 60 y 118 y corrió un frío por el mundo contradictorio y rumoroso del fútbol, y se mezclaron los recuerdos del Inmenso René Favaloro, con los del Maestro Timoteo y los abrazos de la Copa Centenario, el vozarrón del Gringo Tonelli, la pasión de Roberto Lavigne, las manos en alto de Huguito Mazón, el penal atajado por Lavallén y el grito de gol en la garganta del “Moncho” Fernández y el “Mellizo” Guillermo Barros Schelotto y repetido en miles de gargantas (hay un mito urbano que dice que un mudo gritó esos goles) y en la emoción incontenible de Favaloro y Cacho en esa foto que recorrió todos los diarios y luce hoy, emocionante, en la sede de la calle 4 y el llanto de los habitantes del tablón, que venían de Berisso, Ensenada, Los Hornos y City Bell, todos hermanados en ese extraño poder alucinante del gol y ahora en el duelo por el Presidente muerto.

Ninguno de ellos, en ese sábado gris de octubre, quería creer en la noticia, aunque fuera esperable, aunque estuviera casi anunciada, nadie la quería creer pero hay que creerla:

Y la noticia decía: “Murió Héctor Atilio “Cacho” Delmar.

La Ciudad será un poco más pobre sin su presencia que amagaba ser centenaria, sin ese hombre amable, siempre sonriente, que no perdía la serenidad ante los vaivenes que le deparó la vida. Con una sólida fortuna Delmar había conocido Europa y recorrido el mundo cuando eran contados con los dedos de la mano los platenses que habían tenido esa experiencia, había sido el dueño de una tienda enclavada en el medio del corazón de la ciudad y precursor de un estilo de vestir de dimensión nacional, había presidido Gimnasia por cinco períodos , único caso en la historia del club, había sido director de la AFA en los tiempos de campeonatos mundiales, y había presidido la vuelta primera división en 1984 y el titulo de Gimnasia Campeón en 1994. También había presidido el Centenario de la entidad decana del fútbol argentino , en una de las fiestas más brillantes de un club de fútbol.

Después, las recurrentes crisis económicas lo precipitaron en una bancarrota que soportó con serenidad y dignidad y la ciudad que lo había visto en tantas alturas lo vio recorriendo las calles con una valija vendiendo corbatas. Eso si ¡las mejores corbatas! de seda italiana que elegía con su mano experta. Volvió a surgir de esas cenizas y encabezó su última gestión al frente de la entidad “mens sana”.

Deja el ejemplo de un hombre que si veinte veces se vio caer, ventiuna levantar, que formó una familia en medio de esos avatares, que forjó una carrera múltiple que lo llevó a ser declarado “Ciudadano Ilustre” con el asentimiento de todas las facciones políticas.

Deja la imagen de un hombre que nunca perdió el temple ni la apostura y que supo forjar con su amistad con Raúl Correbo y Nelson Oltolina (notables Presidentes del clásico rival) un modelo de convivencia edificante que le ganara el reproche de los pobres de espíritu y el respeto y admiración de toda la afición.

Cacho, querido amigo, será difícil saber que ya no estás en tu ciudad, cuando parecías un patrimonio intocable, pero formarás por siempre en la primera fila de la legión de los platenses de ley.

Hoy te saluda la platea, la popular también pero no solo del club de tus amores y los míos, sino la gente de todas las estirpes que aman el deporte, cultivan la elegancia y practican los buenos modales los que cuando alguien diga tu nombre dirán casi como corolario inevitable: ¿Cacho Delmar? UN SEÑOR.

Héctor Delmar “forjó una carrera múltiple que lo llevó a ser declarado Ciudadano Ilustre”

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