Numerosos fueron los atributos que la caracterizaron, entre otros, una generosidad incondicional para con los suyos, una personalidad alegre y jovial que no perdió con los años ni con las dificultades que le presentó la vida, y una gran facilidad para entablar relaciones profundas y duraderas. Falleció, a los 86 años, Martha Zaldivar, y será recordada, justamente, por su calidad humana.
Martha Celia Zaldívar había nacido en esta ciudad el 5 de noviembre de 1933. Hija de Carlos Zaldívar y Celia Silveyra tuvo un hermano menor, Carlos.
Toda su formación la desarrolló en el Normal N°1 “Mary O´Graham” y egresó del tradicional establecimiento de enseñanza con el título en Magisterio. No alcanzó a ejercer como docente y ni finalizó la carrera universitaria del profesorado de Inglés que había emprendido en la facultad de Humanidades de la UNLP porque conoció al procurador Marcelo Madrid y se casó.
Formó con él una familia sólida, con cuatro hijas (María Dolores, María Pilar, María Mercedes y María Victoria) y no obstante su dedicación a un hogar con varias niñas pequeñas necesitó sentirse independiente y comenzó trabajar.
Su primer empleo fue en la Biblioteca de la Provincia de Buenos Aires y luego ingresó a la oficina de Publicaciones y Sentencias de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. En los dos ámbitos cumplió funciones administrativas y en el último de ellos se jubiló.
Pasó por la dolorosa pérdida de su marido cuando era muy joven (tenía 38 años), pero supo hacerle frente a esa desdicha y se sobrepuso pensando en las necesidades de sus hijas.
Tuvo una segunda oportunidad de formar pareja y volvió a contraer matrimonio. Diez años compartió con el poeta Gustavo García Saraví, con quien viajó y disfrutó de entrañables momentos. Pero también enviudó en esa oportunidad; no se dejó abatir por esa nueva adversidad; y consiguió recuperar la alegría tan propia de ella.
Vital, inquieta y sabia para procurarse los gustos en la vida, no dejó de proyectarse en distintas iniciativas personales. Fue una entusiasta de la música, el arte y la cultura en general, y ya jubilada, por caso, asistió a diversos cursos del Pepam.
Otro rasgo que sobresalió en ella fue el de su preocupación por el buen vestir.
En los últimos años se destacó como una abuela amorosa que se entregó a ese vínculo tan especial que inauguran los nietos, en su caso, con Tomás, Sofía, Charo, “Vicky”, y Mercedes.
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