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La pelota se quedó sin su mejor amigo

Maradona y la pelota tuvieron un vínculo maravilloso / AFP

Por EDUARDO TUCCI
deportes@eldia.com

Ya nada será igual. Se fue el más grande de todos. La pelota acaba de quedarse sin su mejor amigo. A todos los que hemos tenido la fortuna de verlo en acción nos quedarán guardados las mayores muestras de virtuosismo, desenfado, coraje y picardía al servicio de un juego que él siempre tomó como tal.

Nos hizo que sintiéramos a la Selección de manera diferente porque no hubo para nuestro equipo nacional momento de mayor gloria que cuando Maradona se puso la número 10. Desafió todas las adversidades, agrandando su imagen en las paradas más bravas. Los Mundiales con Diego fueron otra cosa y quedaron para el recuerdo miles de imágenes que lo certifican.

La fuego sagrado en México, la magia en Italia. El fervor en Nápoles. El cariño de Argentinos Júniors que lo lanzó al ruedo mayor cuando era un pibito. La idolatría de Boca. Todo el amor en Argentina que quedó absolutamente demostrado en los últimos meses cuando llegó con Gimnasia a cualquier escenario de nuestro país.

Nos llenó de logros, nos hizo vibrar como nadie con actuaciones memorables. El potrero fue su cuna y el mundo su casa. Dio la vuelta al mundo mil veces y su apellido siempre fue sinónimo del país. Diego Maradona tenía identidad de “pasaporte argentino”. Reyes, papas, príncipes, presidentes de países, primeros ministros, jeques y emires quisieron tener su foto con el 10. Tanta idolatría se la ganó a pura gambeta, desafiando a los más poderosos, sumando hazañas.

El vértigo y la adrenalina siempre fueron sus compañeros de ruta. Como dijo alguna vez “Cuando era chico, de una patada en el culo me subieron a la cima de una montaña y nadie me dijo cómo sobrevivir ahí”. Y ese fue el denominador común de su electrizante carrera.

El pueblo futbolero ha estado por estas horas más acongojado que nunca lo que está marcando la dimensión que alcanzó el ídolo que ha sabido conectarse en todo este tiempo con la vibra más íntima del hincha.

Fue y es el mejor de todos. Un ganador nato que resultó ingobernable pero grandioso. Constructor de las epopeyas más grandes le puso su sello a los mejores momentos que hemos tenido en el fútbol criollo. Fue el depositario de un fervor único que derivó en una pasión de connotaciones místicas. Gestor de una época de glorias deportivas que llevan su marca registrada.

Diego fue único, inimitable, incomparable. Por todo esto y mucho más, ya nada será igual.

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