Todos quisieran tener una foto con ella. No es estrella de cine ni cantante, pero su liderazgo internacional lleva 15 años y, junto con el Papa Francisco, tiene la mayor influencia del mundo.
Angel Merkel, la canciller alemana, es un caso inédito. No sólo por el tiempo que permanece en el poder democráticamente, sino porque lo consiguió siendo mujer.
A los 66 años y habiendo anunciado que 2021 será su último año como canciller, ya que no quiere -aunque muchos pidan lo contrario- continuar en el mayor cargo político de su país, ha marcado la trayectoria de Europa durante sus cuatro mandatos consecutivos. Afrontando crisis propias y del continente, la popularidad de Merkel dentro y fuera de sus fronteras es por sus colegas, más que envidiable.
Berlín ha sido la potencia de la Unión durante estos 15 años, en los que difícilmente se ha podido hacer nada sin el visto bueno de Alemania. Ningún otro país tiene tanto poder en Europa.
“Me parece que Merkel, una de las cosas que logró expresar con mucha fuerza fue el proyecto de hegemonía alemana. Si bien que los liderazgos anteriores a ella también tenían esa idea, con Angela se logra consolidar”, dice Augusto Taglioni, periodista especializado en política internacional, editor de La Política Online y columnista de elCanciller. y agrega: “Alemania siempre tuvo un proyecto hegemónico, o intentos de, que se dieron con las dos expresiones brutales de las guerras mundiales, especialmente el intento fallido de Hitler. Después de todo ese proceso de reconstrucción de la mano del Plan Marshall y la creación de la comunidad de estados europeos, que se termina de expresar en el 2002 en la consolidación y institucionalización de la Unión Europea (UE), en 2005 Merkel logró posicionar a Alemania como líder y tuvo un aliado estratégico que fue Francia con sus distintos gobiernos, aunque claramente Alemania marcó las condiciones y el ritmo de la UE”.
Para Taglioni este lugar de poder que logró Merkel se puede ver desde al menos dos sentidos. Por un lado, hizo de la UE un ejemplo de espacio continental e integración del viejo continente, pero “a imagen y semejanza de los interese de Alemania”; por el otro, y en el sentido más crítico del análisis, está lo que ha pasado con las crisis griegas y “las posturas inflexibles de la canciller a la hora de perdonarle o de darle condiciones a Grecia o a diferentes países periféricos de la UE para poder afrontar sus crisis del 2011, que fue global”.
Si hay algo en que todos los analistas políticos coinciden es que Merkel salió estoica ante la crisis migratoria que afrontó Europa en 2014, y que si bien tuvo sus costos políticos, la pudo superar. “Ella fue la impulsora de la idea de la distribución de los migrantes de Medioriente y el norte de África que se expresaba en el Mediterráneo. Y eso le generó un costo político con la ultraderecha europea y la Alternativa por Alemania; también le endilgaron los atentados que hubo de los llamados `lobos solitarios´ que supuestamente sucedían porque ella había permitido el ingreso de migrantes”, destaca el especialista consultado que resalta lo que en el interior de su país dejó ver ese conflicto.
“La aparición de Alternativa por Alemania expuso que no es lo mismo lo que pasa en las grandes ciudades que lo que sucede el este alemán, que hay sectores asalariados que no la están pasando tan bien. Eso llevó a Merkel al desafío de tener que conformar una alianza bastante pragmática y amplia para evitar que la Alternativa se consolide”.
A sabiendas de que la canciller no pretende presentarse como candidata el próximo año, Taglioni resume que “no va a ser un liderazgo fácil de reemplazar. Ha tenido una enorme capacidad de conducción y un enorme pragmatismo a la hora de pensar la defensa del sistema político. Me parece que en este último tiempo ha manejado a Europa, pensado en el escenario global, en defensa del multilateralismo y que junto con Macron mostraron cierto grado de autonomía de Estados Unidos. Es cierto que Trump lo permitió, pero esto no venía pasando porque siempre se decía que la UE era un aliado subordinado de EE.UU.”.
ACCIONES DE LIDERAZGO
Desde que asumió la cancillería, Merkel ha ejercido ese liderazgo sin haberse dejado deslumbrar por el poder ni haber cedido nada en la protección de su personalidad más íntima. Por marketing o lo que fuera, era común verla haciendo sus compras en el supermercado. Se sabe de su fanatismo por el fútbol y que es hincha del Borussia Dortmund. Dicen que le gusta cocinar y mientras lo hace escucha música clásica. No tiene hijos y en los años que lleva en el poder, Joachim Sauer, su marido, rara vez dio una entrevista y tampoco la acompaña demasiado en sus giras y viajes de trabajo.
Son muchos los líderes mundiales que han tratado de desentrañar el pensamiento de esta política que se destaca por su capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común con un aguante físico y psicológico impresionante.
En su visita a Argentina en 2018, aunque tenía poco tiempo, Merkel logró hacerse una escapada hasta una reconocida parrilla de Palermo en la Ciudad de Buenos Aires y pudo probar el asado. Nadie sabía que iba, habían hecho la reserva a otro nombre y su presencia causó sensación.
Claro que sus gestiones políticas, son en definitiva, las que cuentan. Hace unas semanas, en plena crisis por lo que generó al pandemia del coronavirus, Angela, con el acompañamiento del presidente francés Emmanuel Macron, se atrevió a imprimir un giro histórico de la política alemana en Europa al permitir la financiación de la reconstrucción con deuda europea. “La respuesta es que Europa tiene que actuar junta. El Estado nación por sí solo no tiene futuro.... A Alemania solo le irá bien si a Europa le va bien”, sentenció, tras presentar un plan, bautizado ya en la prensa mundial como el “momento Hamilton”, en alusión al secretario del Tesoro estadounidense que forjó la unión fiscal tras la revolución americana.
Los que la conocen hablan de un particular sentido del humor, más allá de su imagen de política austera e implacable. En su agenda buscó un hueco en 2015 para sentarse a la mesa con Mariano Rajoy. “Estuvimos unas tres horitas de sobremesa. Lo pasamos muy bien, nos reímos mucho, hablamos de fútbol, le gusta mucho el fútbol”, recordó en una entrevista el expresidente de España.
“Logró expresar el proyecto de hegemonía que siempre tuvo Alemania”
“Ha sido un ancla para Europa”, valoró el ex primer ministro de Italia, Mario Monti, que llegó al cargo gracias, en gran parte a Merkel y al expresidente francés, Nicolas Sarkozy, que forzaron la dimisión de Silvio Berlusconi para intentar apaciguar la tormenta financiera que se abatía sobre Italia. El magnate italiano fue uno de los muchos primeros ministros que cayeron durante una crisis de la zona euro de la que Merkel sobrevivió a duras penas.
Algunos dicen que tal vez su mayor habilidad sea estar en buenos términos con cada miembro del Consejo Europeo. Hace mucho tiempo que está allí y sabe perfectamente que cada voto cuenta en un sistema que requiere la unanimidad. “Sabe ser ambigua. Es además muy abierta y atenta con los Estados pequeños porque sabe que ellos tienen un voto y muchos además dependen económicamente de Alemania. Su mundo es complejo, basado en las interdependencias”, opinó Stefan Kornelius, jefe de internacional del Süddeutsche Zeitung y autor de una biografía de la canciller, Angela Merkel, la canciller y su mundo.
Los que la conocen destacan que Merkel tiene un aguante físico fuera de lo común y que sabe que la propuesta buena siempre aparece al final, en mitad de la noche. Esa capacidad para negociar noches enteras ha dado sus frutos a los largo de los años en el Consejo, en esas cumbres que irremediablemente terminan con los rostros agotados de políticos y periodistas en las conferencias de prensa al amanecer.
También en Berlín hace lo mismo. En la negociación del gran paquete del clima alemán de 2019, después de una noche sin dormir, negociando a puerta cerrada, hubo una conferencia de prensa a media mañana y uno por uno, los ministros fueron desgranando el resultado. En aquella ocasión, sorpresivamente, Merkel se quedó dormida por algunos segundos, pero el paquete climático había salido adelante.
LARGO, Y UN POCO DISTINTO, CAMINO
¿Pero cómo surgió esta mujer en la política alemana? ¿Cuál fue su recorrido para llegar a desempeñarse tantos años como canciller de Alemania y presidenta del Consejo de la UE?
Angela Dorothea Kasner nació en Hamburgo, Alemania Occidental, en 1954. Su padre era un pastor luterano y su madre profesora de latín e inglés; además tiene dos hermanos menores.
“Merkel es la gran pionera femenina del mundo globalizado. No se avisora otra mujer silmilar”
A poco de nacer, su padre recibió un pastorado en la iglesia de Quitzow, en la República Democrática Alemana, por lo que la familia se mudó a la ciudad de Templin, unos 80 kilómetros de Berlín, aunque durante años el régimen permitió a la familia cruzar libremente la frontera interalemana.
En su adolescencia, Merkel fue militante de la Juventud Libre Alemana. Cuando en 1977 se casó con el físico Ulrich Merkel, tomó su apellido y lo mantuvo tras el divorcio en 1982. Tampoco lo volvió a cambiar cuando contrajo matrimonio con Sauer, un catedrático de química en Berlín, en 1998.
Si bien tenía un bagaje político por su militancia, a la hora de elegir una carrera universitaria, se doctoró en Física en 1986 con una tesis sobre física cuántica.
Corría 1989 cuando Angela se sumó al creciente movimiento democrático tras la caída del muro de Berlín y se unió al nuevo partido Demokratischer Aufbruch. Tras las primeras elecciones democráticas en la República Democrática Alemana (RDA), se convirtió en la vice portavoz del nuevo gobierno de Lothar de Maizière. Participó también en las primeras elecciones tras la reunificación alemana.
Durante el gobierno de Helmut Kohl Merkel fue nombrada ministra para la mujer y la juventud en 1990 y en 1993 fue designada presidente regional de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU). En 1994 asumió el cargo de ministra de medio ambiente y seguridad nuclear. El entonces canciller Kohl, la llamaba mein Mädchen (“mi chica”).
Tras las elecciones federales de Alemania de 1998, un gobierno de coalición dirigido por Gerhard Schröder reemplazó al gobierno de Kohl. Posteriormente, como resultado de un escándalo de financiación ilegal de su partido, que comprometía a varios de sus líderes (entre ellos el propio Kohl y el entonces presidente del partido, Wolfgang Schäuble), Merkel ganó fuerza. Criticó a su antiguo mentor, Kohl, y pidió una renovación de la CDU, que debería comenzar por prescindir del excanciller. De modo que Schäuble fue destituido y Merkel le reemplazó al frente de la CDU.
La elección de Merkel como presidenta de la CDU en abril de 2000 fue una sorpresa: sus características y creencias no encajaban en el partido que había conseguido liderar, ya que ella pertenece a la mayoría protestante del norte de Alemania y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), un partido de profundas raíces católicas, dominado por hombres, conservador y originario del sur de Alemania. Desde ese año y hasta 2018 fue presidenta del partido, algo histórico, ya que paralelamente, fue canciller de su país desde 2005 cuando fue elegida candidata por la CDU/CSU a la cancillería federal. Se enfrentaría al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) de Schröder en las elecciones federales de ese año.
Finalmente, la CDU ganó las elecciones con solo un punto de ventaja sobre los socialdemócratas. Estos resultados tan ajustados imposibilitaban alianzas, de modo que se abrió la posibilidad de una gran coalición entre los dos partidos mayoritarios, aunque previamente había sido descartada por los dos candidatos. Al cabo de tres semanas de negociaciones, se llegó a un acuerdo por el cual Merkel asumiría la cancillería. A cambio, el SPD obtendría más carteras ministeriales.
Merkel es la primera mujer que ocupa la cancillería y la primera en gobernar Alemania desde los tiempos de la emperatriz Teófano Skleraina (956-991). Pero además, es la primera persona de la antigua RDA en acceder a la cancillería de la Alemania unificada.
LÍDER HISTÓRICA
Le atribuyen a Angela la salvación del euro y de la unidad de Europa. Sus críticos la acusan de haber acentuado la división y la desconfianza durante la crisis económica, la migratoria y la del coronavirus. Su liderazgo quedará irremediablemente ligado a una era en la que Europa superó fuertes crisis y sufrió la mayor recesión de la UE, el Brexit y el crecimiento del populismo.
Así y todo, no pasará desapercibida por ninguna de sus acciones y porque en este contexto global del empoderamiento femenino Angela llegó a un espacio de poder y supo consolidarse.
“Me parece que Merkel es la gran pionera femenina del mundo globalizado. No se avisora otra mujer similar. Jacinta Ardern de Nueva Zelanda tiene un liderazgo muy particular e interesante, pero es un perfil capaz de liderar una potencia hegemónica. En el escenario europeo hay referencias femeninas que emergen pero desde la derecha más profunda y mas reaccionaria, como Marine Le Pen. No creo que haya una mujer que juegue en ese nivel. Para que aparezca una mujer de esa índole tiene que pasar mucho tiempo. Si se analiza el escenario electoral de las principales potencias de Europa o EE UU:, no se encuentra ninguna que emerja con fuerza”, finaliza Augusto Taglioni .
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