Provocó distintas expresiones de pesar el fallecimiento de la escribana Martha Sarah Arrondo, protagonista de una trayectoria que la tuvo tanto al frente de un Registro Civil como dentro de las aulas de la educación secundaria.
Nació en La Plata, el 7 de marzo de 1929. Su padre, José Arrondo -dentista-, y su madre, Sara Thomas, inauguraron una familia de seis hijos que se radicó en Ensenada, en una época de grandes reuniones en los hogares, con primos, tíos y amistades.
A la familia Arrondo le gustaba disfrutar de la naturaleza, nadar y pasar el tiempo cerca del río y por eso halló en el Club Regatas el entorno ideal para esos momentos. Fue educada con el ejemplo del amor, el estudio y el trabajo.
Fue la hija mayor y desde pequeña se caracterizó por el buen carácter; jovial, fue a la vez muy estudiosa y responsable. Adoraba a sus padres, hermanos y a sus primas y primos.
Cursó el secundario en el Liceo “de señoritas” Víctor Mercante y le sirvieron de guía los principios que sus maestras y profesoras le inculcaron. Para asistir al colegio viajaba en tren todos los días -incluidos los sábados-, madrugando, de Ensenada a La Plata.
Al terminar el Liceo, luego de un breve paso por la facultad de Humanidades, decidió estudiar Escribanía.
Un día de la primavera, en tiempos en que para celebrarlo había desfiles, bailes y carrozas, conoció al que después sería su marido: Américo Gandini; oriundo de Olavarría, había venido a estudiar Abogacía a La Plata y se quedó en la Ciudad para siempre.
Tras recibirse de escribana comenzó a trabajar como profesora en el Normal N° 2, siendo muy apreciada por sus alumnas.
Además, dedicó casi toda su vida a su profesión como Jefa del Registro Civil situado frente al Parque Saavedra. Allí casó a muchos platenses que la recordaban con cariño por haber sido parte de esa importante instancia de la vida y también por asentar su sello y firma en las partidas de nacimiento de sus hijos.
Le gustaba viajar, disfrutar de cada paisaje, conocer las costumbres del lugar y las características de la gente. Admiraba todas las expresiones artísticas, el cine, el teatro, la pintura, y la música por sobre todo. Le fascinaba cantar y cuando se presentaba la oportunidad lo hacía, transmitiendo alegría.
Amó a sus hijos Gisela y Carlos, y luego a sus nietos Tomás, Cesar y María Lila, que fueron su debilidad y la acompañaron siempre.
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