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Honorio Añón Suárez

Por Redacción

A los 105 años falleció Honorio Añón Suárez, ex decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata y toda una referencia en la educación universitaria.

Había nacido en La Plata, el 19 de mayo 1915. Hijo de Delia Sbarbi Osuna y Honorio Añón Suárez, fue el mayor de cuatro hermanos (Daniel, Delia y José Jesús). A los 24 años se recibió de ingeniero civil y desde entonces tuvo una intensa, extensa y reconocida trayectoria profesional.

Desde 1958 a 1960 fue titular del Departamento de Arquitectura cuando la carrera dependía de la facultad de Ingeniería. Luego fue decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata desde 1969 a 1973; colaboró ad honorem para la fundación de la Universidad del Atlántico, en la cual ejerció el cargo de vicerrector; y fue rector de la Universidad Nacional del Comahue (1982).

También ejerció la docencia durante muchos años y fue miembro fundador de la Comisión Permanente del Asfalto.

Si bien gran parte de su vida transcurrió en nuestra ciudad, junto a su esposa Ledia Julia Guedes (con quien se casó en 1941), decidieron mudarse en la década del 80 a Pinamar. Tras el fallecimiento de Ledia, el amor de su vida (se habían conocido desde niños), estuvo acompañado por uno de sus hijos.

Supo construir una gran familia con 5 hijos (Rafael, Guillermina, Eduardo, Gustavo y Alejandro), 17 nietos y 18 bisnietos. Le gustaba el fútbol y fue confeso hincha de Gimnasia.

A pesar de su vertiginosa vida profesional, se cuidó mucho en su salud, mantuvo siempre la tranquilidad y se aferró a su familia como antídoto contra cualquier circunstancia que pudiera aparecer en el camino.

A los 100 años, entre las felicitaciones, saludos y regalos, un obsequio llamó su atención: una foto que le tomó su nieta política Andrea Chiesa, que ilustra esta semblanza y quedó como una marca registrada en la familia.

Tras su jubilación, se dedicó a la remodelación de su primera casa en Pinamar. Y en la construcción de una nueva casa en la que se alojó con su esposa, en lo que fue su “último’’ nidito de amor, hizo a mano toda las divisiones interiores y revestimientos en madera del hogar. Los albañiles solo hicieron la construcción de material de las paredes y el techo.

Jugar con los nietos, leer el diario cada mañana y hacer los crucigramas conformaron su pasatiempo más agradable.

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