Fue un bacteriólogo reconocido por su labor en la salud pública y toda su trayectoria laboral la desarrolló en los hospitales “Rodolfo Rossi” de nuestra ciudad y “Mi Pueblo” de Florencio Varela. Pero sobre todo significó un orgullo para su familia y una fuente de afecto, respeto y consideración para los amigos y compañeros de tareas. Por eso, el fallecimiento de Jorge Fiebelkorn despertó innumerables muestras de pesar.
Llegó a La Plata desde Guaminí, el pueblo bonaerense en el que creció. Solía recordar que lo hizo casi sin pertenencias (”con un bolso, una pipa y una radio”, decía) y guiado por el objetivo de formarse en una profesión universitaria. Nacido el 11 de agosto de 1957, fue el menor de cuatro hijos de un matrimonio de trabajadores, Don Pedro y Natividad. Y conoció a través de sus padres y desde muy joven el valor del esfuerzo y la superación.
Se recibió en la facultad de Ciencias Veterinarias, pero casi no ejerció en la atención de animales. Siguió estudiando bacteriología, realizó la pos residencia de la especialidad en el Hospital “San Juan de Dios” y luego, enérgico defensor de la sanidad estatal, se volcó de lleno a trabajar en los laboratorios de los centros de salud platense y varelense.
Si bien adoptó a La Plata como propia, mantuvo siempre un profundo apego por Guaminí, tanto que ningún fin de año dejó de visitar junto a su familia el lugar donde nació y donde vivía su madre.
Fue un apasionado por lo que se definiría como el “ser nacional”. De ahí que disfrutara de los viajes, por lo general en auto, a todos los rincones del país. Era un curioso de la geografía, las costumbres y las diversas manifestaciones culturales. Lo atraían los libros y le gustaba aprender y debatir temas de historia y política. El mayor placer como lector lo hallaba en la filosofía y la economía.
A su esposa Laura Chiusaroli –médica pediatra- la había conocido en el viaje de egresados que cada uno por su lado realizó a Córdoba. Tiempo después, al radicarse él en esta ciudad, se reencontraron, se pusieron de novio, se casaron y no se separaron más. Fruto de esa unión nacieron Ayelén, Pedro y Brenda. A sus hijos les queda el legado de un hombre íntegro, de firmes convicciones, que propició, desde el discurso y la práctica, la necesidad de que las sociedades recuperen valores como la justicia y la libertad.
Tuvo una nieta: Ana Paula.
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