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Elio Mateo Arriaga

Por Redacción

Con el fallecimiento de Elio Mateo Arriaga, la Ciudad perdió a un respetado dirigente de la Unión Cívica Radical, que fue apreciado, no sólo en su entorno íntimo, sino también por quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo a lo largo de su prolífera vida.

Había nacido el 20 de mayo de 1924 en Bahía Blanca; sus padres fueron Celestina Peralta y Esteban Arriaga y creció en un entorno rural, en el seno de una familia numerosa junto a sus 9 hermanos.

Cuando aún era pequeño, por razones de trabajo, la familia se trasladó a Villa Iris, pueblo cercano a Puán, en ese lugar completó sus estudios primarios.

Al fallecer su padre, junto a su madre y sus hermanos se mudaron a La Plata. Cursó los estudios secundarios en el Colegio Nacional “Rafael Hernández” y luego ingresó a la Universidad Nacional de La Plata para estudiar abogacía, pero abandonó la carrera para entrar a la Escuela Militar. Completado ese ciclo llegó a subteniente de reserva.

Durante algún tiempo estuvo a cargo de la cárcel de Sierra de la Ventana y, en el anecdotario de esa época de su vida, solía recordar cuando custodió a los alemanes capturados tras la Segunda Guerra en una embarcación que navegaba por el Mar Argentino.

También se desempeñó en la Secretaría de Trabajo y en la empresa de energía eléctrica DEBA. Entre otros cargos, fue auditor y gerente administrativo de la departamental Mar del Plata.

Participó de manera activa y comprometida en la Unión Cívica Radical; fue un militante consecuente y de férreos valores que integró la Comisión Directiva del Comité de la Sección Tercera y también fue su presidente. En ese ámbito se vinculó estrechamente con el ex presidente Raúl Alfonsín y se hizo de grandes compañeros y amigos.

En el plano familiar, fue como un padre para sus sobrinos y se dedicó a ellos con mucho amor; fue un referente, alguien dispuesto a guiarlos, acompañarlos y contenerlos.

Elio mantuvo una salud de hierro hasta los 93 años y, su espíritu optimista e inquebrantable, hasta poco antes de fallecer. Ni aún en los momentos más complicados dejó de alentar a su familia.

Sus allegados lo recordaron como un hombre elegante, sociable y de gran calidez, un habitué de las cafeterías platenses en las que siempre se daba un tiempo para hablar con sus amigos o con los correligionarios.

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