Provocó un profundo dolor entre sus familiares, amigos e incontables allegados, el fallecimiento de Nicolás Umberto Mastandrea, a quien los suyos llamaban “Coco”. Tenía 88 años.
Nacido en nuestra ciudad, fue el sexto y menor de los hijos de María y Juan, inmigrantes que llegaron de una Italia convulsionada a principios de siglo pasado.
Cursó estudios en la Escuela 79 de Tolosa y egresó como motorista en la Universidad Obrera Nacional de La Plata en los años “50.
En su carrera laboral fue mecánico de la flota de cervecería Quilmes de la calle 47 entre 1 y 115; también en el expreso Buenos Aires al momento de estar la terminal en plaza Italia, hasta que inició la actividad por cuenta propia con un taller en la calle 116. Construyó un reconocido nombre en el gremio del mundo repuestero local, tanto que celebró con una gran fiesta junto a clientes al momento de retirarse de los “fierros”.
Su pasión por los viajes y los autos lo llevaron muy joven a largos caminos mucho antes que llegara el asfalto y los disfrutaba a bajas velocidades en el interior de la Provincia. En uno de esos recorridos, a fines de la década del 50, conoció a Gladys, con quien compartió su vida.
Su convicción por el servicio a la comunidad lo llevó a ser fundador, con sus entrañables amigos de toda la vida, del Rotary Club La Plata Norte, que entre tantos cargos se desempeñó como presidente -1982-1983-.
Con sus camaradas viajó a convenciones internacionales del Rotary (México y Brasil), como también visitó en Evaston, Illinois, el lugar de fundación de la entidad mundial, siendo reconocido como “socio Paul Harris”, distinción que reciben aquellos que contribuyen al desarrollo y expansión de la institución. Y es que en su club fue siempre impulsor y creador ferviente de reuniones, festivales y hasta insólitas acciones como carreras de obstáculos para autos y paellas de más de mil asistentes siempre con la búsqueda de fines solidarios.
Amante de conocer el mundo, llegó hasta la tierra natal de sus padres, en La Puglia; visitó familiares en Suiza y Nueva York; y amistades en Chile, siempre acompañado de amigos, hijos, sobrinos y nietos. La pasión por la mecánica automotriz lo llevó a disfrutar carreras emblemáticas en los mejores circuitos.
Tuvo dos hijos, Laura y Omar, y fue un amoroso abuelo de Nicolás y Martina. En sus últimos años el amor de y por sus sobrinos lo tuvieron como el tío más cercano.
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