A los 93 años falleció ayer Guillermo Bastons, ex jugador e hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata y autor de una marca indeleble en la costa atlántica. Una marca llamada El Dorado, primer balneario de Pinamar cuando esa ciudad tenía pinos que no alcanzaban la altura de un hombre, los médanos nacían y morían de un día para el otro por la acción del viento y nadie podía ubicarla en un mapa.
En su barrio platense natal, La Loma, Guillermo Bastons, más conocido como “el Zorro”, trabajó desde los 12 años repartiendo carne y leche.
Recién asomaba la década de los ‘40, la cual lo vio vestir la azul y blanca del Lobo, el club de sus amores. También jugó en Olavarría, Azul y Las Flores. Quiso el destino que, tras una discusión, un entrenador tripero lo echara del equipo: allí dio comienzo su increíble historia en una incipiente e ignota Pinamar.
Gimnasia estaba jugando en General Madariaga. Tras pelearse con el técnico, tomó su bolsito y empezó a caminar hasta llegar a la entonces virgen Pinamar. Allí supo trabajar como albañil dentro de un amplio grupo que estaba construyendo las primeras casas de la ciudad.
Sólo había luz hasta la medianoche, y el tren llegaba desde Madariaga tirado por caballos.
Cierto día de 1949, “el Zorro” Bastons armó una carpa en la arena para disfrutar su día de descanso. Pero unos extranjeros ofrecieron pagarle 100 pesos “de los de entonces” por la sombra. En ese momento supo que iba a ser el resto de su vida, confió tiempo después en una entrevista.
Guillermo Bastons consiguió sombrillas y carpas y las alquiló todas. Luego pasó a comprarlas en Mar del Plata. Volviendo de esa ciudad, un amigo vio un cartel que decía El Dorado. Y ese fue el nombre del balneario. El primero de un Pinamar de 200 habitantes fijos y de alemanes refugiados de la guerra que, así como aparecían, se iban sin aviso.
Tres años más tarde, el “Cholo” Ludueña siguió sus pasos cerca del muelle. Y los turistas adinerados les alquilaban a ambos.
El balneario fue tomando cuerpo a paso firme. Y lo hizo en el que, a la larga, sería un punto estratégico de la ciudad, en Bunge y el Mar, a pasitos de la rotonda que cada verano ve pasar a todos los turistas.
El “Zorro” Guillermo Bastons protagonizó unas 70 temporadas. De manera tal que fue un espectador privilegiado de la forma en que aquel lugar, al que llegó atajando el viento tras ser echado de su equipo de fútbol, se fue convirtiendo en uno de los sitios top de la costa atlántica.
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