El fallecimiento de Gabriela Di Lorenzo, licenciada en Enfermería de gran trayectoria en la Región Sanitaria XI, provocó numerosas muestras de pesar entre quienes la apreciaron no solo por su compromiso profesional, sino también por sus valores solidarios.
Había nacido el 1° de diciembre de 1965 en Allen, Río Negro, pero siendo aún muy pequeña su familia se mudó a Ensenada donde nació su hermana Liliana. Cursó sus estudios primarios en la Escuela N°10 y los secundarios, en la Escuela de Enseñanza Media. Al completar esa etapa se capacitó como enfermera profesional, una carrera que abrazo con dedicación, compromiso y gran empatía con los pacientes.
Durante muchos años trabajó en el Hospital Gutiérrez, institución en la que además cosechó un gran número de buenos compañeros y amigos.
Con la idea de contar con nuevas herramientas para la atención de los enfermos, Gabriela siguió estudiando, se recibió de licenciada en enfermería y, más tarde, de profesora.
Muchos fueron los enfermeros y enfermeras que recibieron sus conocimientos en los cursos que ofreció en la Región Sanitaria XI. Además fue coordinadora de la carrera hospitalaria.
Gabriela fue una apasionada de su trabajo, a tal punto que, pese a que la cuarentena la obligó a trabajar desde su casa, no pasó ni un solo día en el que no cumpliera sobradamente con sus obligaciones.
Además aprovechaba el tiempo libre para viajar y tomar cursos que satisfacían su espíritu siempre inquieto; uno de ellos fue el de repostería. También le gustaba cantar y, en la iglesia evangelista en la que ella y los suyos participaban, era la encargada de la adoración, segmento en el que se cantan alabanzas.
Fue una mujer de profunda fe y expresó en la práctica cada uno de los preceptos religiosos con una conducta de servicio sin límites hacia quien lo necesitara.
En 1988 se casó con Pablo González y la familia creció cuando llegó a sus vidas su hija Carolina Florencia.
Algunas de las virtudes que la caracterizaron fueron su personalidad abierta y su calidez, por eso su casa siempre estuvo abierta a las reuniones con familiares y amigos. En esos encuentros ella fue el alma mater que se encargó de que cada quien se sintiera a gusto.
Siempre se ganó el afecto que despiertan las personas nobles y sencillas, por eso, sin dudas, su partida dejará un gran vacío entre su familia y amigos.
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