“Hay pocas películas de adolescentes que cuentan historias así, con tanto movimiento: generalmente, en estos últimos años, son hechas por cineastas independientes, con otros ritmos, otras formas, se habla de adolescentes anodinos que no les pasa casi nada… Me parecía que ésta era otra forma de entrarle al tema, desde otro tipo de historia”: ese, duce Lucas Santa Ana, fue uno de los impulsos para filmar “Yo, Adolescente”, la historia de un joven intentando crecer, explorando el mundo, enamorándose y equivocándose, en la era post-Cromañón.
La cinta del director de “El puto inolvidable”, sobre el activista LGBT Carlos Jáuregui, y “Como una novia sin sexo”, es uno de los estrenos de esta semana en Cine.Ar (disponible hasta el viernes que viene), una historia basada en un libro que a su vez nació del diario digital de Zabo (Nicolás Zamorano, hoy guionista en la tevé), cuando el autor tenía sólo 16 años.
Aquel blog tuvo gran repercusión a principios de siglo, y Santa Ana, amigo de Zabo, “me imaginé que ahí había algo, tal vez una película”. Leyó el trabajo y “me interpeló la historia, y también empezar a hablar de Cromañón, algo que en ficción no se había tocado”.
El relato cuenta la historia de Zabo (encarnado por Renato Quattordio), quien tras el suicidio de su mejor amigo y la tragedia del incendio de un local bailable llamado Cromañón, entre recitales, fiestas ilegales en un galpón abandonado y la escuela secundaria, pasa un año atormentado, que va descargando todo lo que siente en su blog, “Yo, Adolescente”.
Y al ser la base para el filme estos textos escritos (novelizados en 2019 y publicados en formato libro), Santa Ana se encontró con el desafío de hacer cine de un gran contenido ensayístico, las ideas de su protagonista. “Lo ensayístico quedó relegado por lo narrativo, por la historia romántica”, explica el director, quien “aunque no me gustan mucho las películas con narradores, tuve que hacerlo, y procuré hacerlo de la manera que a mi me gustaría que fuese la narración”.
Así, entre peripecias y reflexiones, entre rock de principios de siglo y triángulos amorosos bisexuales, transcurre esta película que procura introducirse en temáticas poco tratadas en la ficción nacional: el suicidio, la homosexualidad y la depresión, además de la tragedia de Cromañón, proyectan una oscura sombra sobre las desventuras juveniles del protagonista.
“En nuestras latitudes no se ha tratado demasiado estos temas, pero afuera hay muchas series que están trabajando estos temas”, opina al respecto Santa Ana. “‘13 razones’ salió justo cuando estábamos trabajando en la película, y una película que tuve en cuenta al filmar fue ‘Las ventajas de ser invisible’”, agrega.
Poner en pantalla estos temas, explica el realizador, implicó, como siempre, una gran responsabilidad: “El cine y la tevé son hechos comunicacionales: tenemos que tener muchísimo cuidado con lo que comunicamos, tenemos una responsabilidad hacia nuestro público. Y hay que cubrir todos los frentes: si algo no se está hablando desde nuestra forma de hablar, si solo lo vemos en series del exterior, eso nos termina invadiendo. Tenemos que poder ponerlo en nuestras propias palabras”, analiza quien actualmente se encuentra produciendo y co-dirigiendo, junto a Liliana Furió, el documental “Ilse Fuskova: Lesbiae Mater”, sobre la reconocida lesbiana feminista argentina. La idea de Santa Ana fue, entonces, “tratar estas temáticas desde la idiosincrasia argentina”, con el lenguaje y las formas criollas.
Y todo transcurre en en el post-Cromañón, una época donde los chicos no tenían dónde salir y había en la juventud una fuerte sensación de libertades restringidas y de miedo: “Zabo le puso palabras a menos de un año de lo que pasó, a ese dolor, a esas cosas que pasaban, de forma muy lúcida”, opina Santa Ana, para quien “ahora ya hay una distancia histórica como para comenzar a hablar del tema, empezar a ponerle palabras a ese dolor, porque de poco hay que empezar a hablar, a decir las cosas desde la cultura, a dar voz a eso”.
La cuestión de Cromañón fue tratada en algunos documentales, pero esa generación no fue representada en la ficción nacional. Llegó el momento, dice el director: “Es una herida muy sensible que tenemos como sociedad, y fue transformadora en cuanto a la legislación sobre los espacios públicos. Como ahora la pandemia: el antes y el después es totalmente distinto”.
La pandemia, inevitablemente, brota como tema en todas nuestras conversaciones. Y más hablando de cine: “Yo, Adolescente”, como tantas películas, se estrena en pantalla digital y no en salas por esta cuarentena: “Por un lado, extraño la sala, hicimos la película para que sea vista en pantalla grande…”, reconoce el director. “Pero a la vez, poder estrenar de esta forma, nos abre un montón de pantallas y de público que si hiciéramos una salida como las habituales del cine independiente, en menos de veinte salas, concentradas en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Llegamos a otras provincias, a otras ciudades, a pueblos donde no hay cine: eso me alegra un montón”.
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