Provocó un profundo pesar, sobre todo en la comunidad de Los Hornos, donde transcurrió su vida entera y supo ganarse el afecto de tanta gente, el fallecimiento de Dora Savegnago.
Había nacido el 10 de febrero de 1927 en un hogar de inmigrantes que habían llegado desde la región del Veneto -Italia- a esta ciudad a principios del siglo pasado, puntualmente a la localidad de los Hornos, donde se dedicaron a la agricultura.
Sus padres fueron Juana Moccagatta y Virgilio Savegnago, y ella fue la segunda de los cinco hijos del matrimonio, por lo que creció junto a sus hermanos Teresa, Irene, Leonor y Sebastián en una típica casa a “la italiana”, donde vivir con los abuelos era lo habitual.
Muchos buenos recuerdos tenía ella de su infancia, con su familia atravesando tiempos difíciles pero también pasando temporadas más felices.
Comenzó sus estudios en la Escuela Rural 28 “República del Perú” y los culminó en la tradicional Escuela 8.
En su adolescencia, participaba de la actividad social del club de su barrio, Capital Chica, el cual ahora preside su hijo.
Cuando tenía 19 años, en 1946, contrajo matrimonio con Florentino Francisco Franceschini. Fruto de la unión nacieron Liliana Elizabeth y Walter Florentino. En ese proyecto familiar prolongó parte de la cultura italiana heredada y así llevó una vida de trabajo y dignidad, siempre en familia, y siguiendo las tradiciones de sus mayores.
Enviudó muy joven y con los hijos todavía chicos, pero esa amarga experiencia de alguna manera fue compensada con el hecho de que regresó, por esas circunstancias, a la primera escuela de su infancia, donde desarrolló hasta que se jubiló una tarea que amó: la portería del establecimiento.
Fue transitando la vida entre domingos en familia, con sobrinos y hermanos, quienes estuvieron todos siempre presentes.
Transcurrió su madurez, en su barrio de siempre, de manera apacible, querida por sus vecinos y amigos, y con la felicidad en aumento cada vez que llegaba una de sus seis nietas y uno de sus tres bisnietos.
Socia de Gimnasia y Esgrima de La Plata, llevó la insignia albiazul en su corazón.
Así como atravesó momentos duros, experimentó también grandes alegrías, como cuando en 2009 pudo reencontrarse con sus familiares italianos.
Llegó, de esa manera, a los 93 años, prueba indiscutible de la resiliencia y la fortaleza que la caracterizaron.
SUSCRIBITE a esta promo especial