Distintas manifestaciones de pesar provocó el fallecimiento, a los 75 años, de Elsa Elena Arena. Entregada por entero a los suyos, buscadora permanente de nuevos saberes, de personalidad alegre e imagen radiante, su recuerdo será una guía para aquellos que la rodearon y supieron de sus valiosas virtudes.
Había nacido en esta ciudad el 20 de septiembre de 1944. Fue la hija menor de Armando Arena y Elena Piñeiro, y creció junto a su hermana “Kitty”, a quien se mantuvo unida toda la vida por un vigoroso lazo afectivo.
Los estudios primarios los completó en la Escuela Anexa “Joaquín V. González” y los secundarios entre el Liceo Víctor Mercante y el Normal 2. Dueña de una mente curiosa y tratando siempre de satisfacer sus inquietudes intelectuales ingresó a lo que fue la semilla de la actual facultad de Periodismo y Comunicación Social, la Escuela Superior de Periodismo.
Aunque se graduó, apenas alcanzó a ejercer la profesión, pues conoció al periodista Alberto “Chango” Albertengo, que era profesor en ese espacio educativo, comenzaron a noviar y al tiempo se casaron. Se dedicó a pleno desde entonces a la atención del hogar que constituyó en la misma casa donde creció, en la vivienda paterna del barrio El Mondongo, y por la que tenía tal apego que jamás dejó.
Tuvo tres hijos, Romina (licenciada en Administración); Ileana (licenciada en Marketing); y Román (abogado). Muy presente en cada uno de sus vínculos, la maternidad, y luego el rol de abuela que cumplió con Augusto, Victoria y Azul, la colmaron de felicidad.
Se caracterizó por poseer un profundo sentido de la generosidad, rasgo que demostró frente a las necesidades de los suyos, postergando a veces, incluso, algunas de sus propias demandas.
Fue, por distintas razones, una mujer muy querida por su entorno. Sabía escuchar y acompañar en los momentos difíciles, como así también compartir proyectos y alegrías.
Cuando los hijos crecieron se volcó a las actividades que siempre le habían interesado y asistió a cursos y talleres de psicología social y de reiki.
En los últimos años mostró una particular inclinación por las mascotas, que le resultaron una muy buena compañía.
Encontró también una pasión en correr. Era habitual en ella salir todas las noches a trotar bordeando el Parque Saavedra y ese programa del día era para ella una cita ineludible.
SUSCRIBITE a esta promo especial