Fue un ingeniero químico con importantes realizaciones de proyectos en su haber; dueño de un carácter alegre, jovial y muy entusiasta; fundador de una numerosa y sólida familia, y promotor de incontables relaciones de amistad que mantuvo toda la vida. Por esas razones, sumadas a otros atributos destacados que lo caracterizaron, causó un gran dolor el fallecimiento de Emilio Mario Saborido.
Había nacido el 9 de enero de 1944 en La Plata y era el hijo menor de Moisés Saborido y Josefa Pérez Cremades. Creció junto a sus hermanas Susana y Carmen; y completó los estudios primarios y secundarios en el Colegio San José.
Se graduó en la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata y trabajó durante un tiempo en una industria de celulosa de Bernal, Quilmes.
Muy joven ingresó al grupo Techint y allí desarrolló una carrera notable, pues dirigió varias obras clave para el desarrollo del país como Alto Paraná –provincia de Misiones-, la reestructuración de la destilería de Luján de Cuyo –Mendoza- y distintas plataformas “off shore” situadas en la Patagonia.
Inquieto e incansable a la hora de trazarse un objetivo, ya jubilado abrió junto a su hija mayor un restaurante en el corazón del Bosque platense.
Además, siempre, al tiempo que cumplía con sus compromisos se dedicaba a sus pasatiempos favoritos, que eran muchos: investigar la historia familiar logrando completar gran parte de su genealogía; jugar al ajedrez, una fuerte afición que transmitió a sus nietos; escribir poesía y cuentos (publicó el libro “Piensa”); y hasta organizar una película documental con registros de 1920 de la Región que digitalizó y produjo.
Fue también un admirable deportista que practicó, incluso ya grande, tenis, paddle y fútbol. Fervoroso espectador de esas competencias, era socio vitalicio del Club Estudiantes.
Hombre de fe y practicante católico, mostró, asimismo, un generoso espíritu benefactor, y colaboró, por caso, con la parroquia Sagrado Corazón de City Bell dictando clases de apoyo escolar a los chicos de la comunidad.
Se había casado con la geóloga Liliana Scafati, con quien compartió 50 años de vida conyugal, viajes, y momentos familiares y sociales que le proporcionaban un enorme placer. Tuvo cinco hijos: Guillermina, Malena, Andrés, Cecilia y Sofía; y fue un orgulloso abuelo de Fausto, Rafael, Paulo, Francesca, Ángela y Alejo.
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