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Miguel Angel Franchini

Por Redacción

Un profundo pesar causó el fallecimiento de Miguel Angel Franchini, un vecino de la ciudad vinculado al Club Gutenberg y que durante muchísimos años se desempeñó en el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia.

Cacho, como lo llamaban sus allegados, nació el 16 de junio de 1941 en La Plata, fue el hijo menor de Benita Di Bastiano y Miguel y creció junto a su hermana María Haydee.

Después de cursar la primaria en la Escuela N°15, completó el secundario en el Colegio Nacional y comenzó a trabajar desde muy joven en el Colegio de Farmacéuticos de la Provincia, hasta el momento en el que se acogió al beneficio de la jubilación.

En 1959, en una fiesta de la Escuela Naval Río Santiago, conoció a Elsa Igarzabal, el amor de su vida y la gran compañera con la que construyó una familia. Juntos tuvieron a sus hijas María Carolina – médica- y María Florencia –abogada y docente-. También tuvo la felicidad de convertirse en abuelo de María Victoria. A todas les inculcó el valor del esfuerzo y que estudiaran hasta convertirse en profesionales; por eso sintió un gran orgullo al verlas crecer estudiosas, responsables y como mujeres de bien.

Cacho vivió en la zona de 71 y 6 y sintió una gran pertenencia al barrio, allí forjó amistades que mantuvo a lo largo de toda su vida y con las que le gustaba compartir charlas y reuniones. El Club Gutenberg fue un espacio de encuentro y, durante su infancia y adolescencia, una especie de segunda casa. Con los años se convirtió en socio vitalicio.

Además fue un ciudadano que pregonó los valores democráticos desde las filas de la Unión Cívica Radical, partido al que estuvo afiliado y que lo representó en sus ideales políticos.

En el terreno deportivo fue simpatizante de Gimnasia y Esgrima, equipo al que siempre siguió.

De intensa vida social, le encantaba tanto participar de fiestas y reuniones como escuchar música y recordar su infancia ligada al piano.

Cacho y su esposa compartieron el ámbito familiar y forjaron un vínculo de intensa unión, tanto en la faceta laboral como en el tiempo libre cuando concretaban algún viaje o compartían una reunión.

Honrado, bondadoso y de una gran calidez, Cacho fue de esas personas que no pasaban desapercibidas para quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo; por eso, sin dudas, su partida deja un vacío que solo podrá mitigar el recuerdo de sus acciones.

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