Periodista y escritor de toda la vida, falleció a los 96 años Enrique Ángel Sureda, agudo cronista y privilegiado testigo de toda una época a través de sus más de siete décadas de periodismo y literatura.
Nacido en La Plata, era hijo de Mario Sureda, destacado periodista que llegó a jefe de deportes de El Argentino y cuyo nombre hoy llevan la calle 79 y la biblioteca del club Everton. Enrique Ángel hizo la primaria en la Escuela Modelo 1, ubicada en 8 y 58 y el secundario colegio San José.
El propio Sureda describió, años atrás, sus inicios en el periodismo: “Mi padre me llevaba mucho a que lo acompañara a sus notas. Y fui aprendiendo así. Hacer periodismo con naturalidad. En ese tiempo no había facultad de periodismo, así que aprendí el oficio ejerciéndolo, pero orientado por grandes maestros”. Ingresó por primera vez a una redacción (la del diario El Argentino) en 1941 y ejerció el oficio hasta sus últimos años como crítico bibliográfico en la revista de los bancarios bonaerenses. Empezó cubriendo la Liga Amateur Platense. Primero fue reportero, después cronista, redactor y por último jefe de deportes. En esos tiempos también hizo radio en Universidad.
A la literatura llegó por el periodismo, y trabó relación y amistad con escritores como Norberto Silvetti Paz, Gabriel Báñez, Marcos Fingerit y Horacio Castillo. Reflejo de su personalidad, Sureda vivió en una casa repleta de libros, álbumes, fotos y recuerdos de sus siete décadas de periodismo y de ejercicios literarios, que incluyeron tres novelas inéditas y muchos ensayos publicados en distintos diarios y revistas del país. De la literatura, contaba, aprendió “que quiérase o no, todo en la vida pasa. Sólo se habita el presente, sólo se vive en el hoy”.
De hablar pausado, Sureda buscaba la palabra justa y pensaba mucho antes de expresarse. Agudo observador, consideraba el crecimiento poblacional en la Ciudad y “el protagonismo que ha alcanzado hoy la mujer” como los cambios más gravitantes de su época.
De su oficio aprendió que “el trabajo debe ser terminado... El periodismo empieza cada mañana y concluye en el cierre todos los días”. Admiraba a los diarios modernos, por su tecnología. Y le gustaban más los diarios regionales: “El mayor valor de un diario está en su regionalización, en que nos devuelve referencias concretas”, decía.
Con Lydia Margarita Martínez, con quien estuvo casado por 57 años -falleció en 2013- tuvieron dos hijas: Sara Adriana (médica) y Analía (ingeniera electrónica).
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