En la primera escena de “Vuelvo”, ópera prima de Ignacio Lidejover, Tobías se mueve en cámara lenta en las penumbras de un departamento solitario: metáfora perfecta de una vida casi detenida, habitada a la sombra de una tragedia indecible que lo ha dejado inmóvil, incapaz de salir adelante. Estrenada en Cine.Ar Play la semana pasada, es la historia de un duelo, de una persona atrapada en el pasado, una historia de “tragedia y culpa”, dice su director, en diálogo con EL DIA. También es un relato sobre segundas oportunidades, sobre los difíciles caminos para encontrar algo de luz en esa penumbra.
Una historia que pensaron juntos Lidejover y Maximiliano Zago, protagonista del filme y coguionista del mismo. El proyecto, cuenta el director, nació cuando lo llamaron para dirigir un documental y se le despertó el deseo de “retomar el cine” que había abandonado “un poco” por el trabajo de comerciales. Junto con su amigo Maxi, comenta, habían pensado algunas ideas para desarrollar, y una de esas terminaría en “Vuelvo”.
“El proyecto surge de las ganas de trabajar juntos”, suma Zago, y explica que “como pensábamos en financiarla nosotros, pensamos en locaciones accesibles, historias de una o dos locaciones. Así apareció la idea de un hombre que estaba encerrado en un departamento”.
“Teníamos una historia que había quedado inconclusa sobre un hombre agorafóbico: empezamos a trabajar esa idea”, cuenta Lidejover. Pero, “¿por qué una persona no querría salir de su casa?”, dice el realizador: con la ayuda de Majo Staffolani, fueron elaborando una historia sobre la culpa, “que era lo que nos interesaba abordar”, y el relato fue mutando, “la historia fue pidiendo cosas, fue apareciendo”, explica Zago, actor, docente y directorque trabajó con directores como Adolfo Aristarain y Victoria Chaya Miranda.
“Pero algo quedó del personaje”, sigue el cineasta, que actualmente se encuentra editando el documental “Revolution Obscura” de Cathy Kelly sobre la llamada primavera árabe en Egipto, mientras desarrolla su próximo largometraje, “La Eternidad”. El atasco en el que se encuentra Tobías, y el posterior desbloqueo: el encuentro con otros (su suegro, que atraviesa también con dolor la pérdida de su hija; y Luz, una nueva mujer que entra en la vida de Tobías y que también se encuentra en una encrucijada) “lo llevan a reconectarse, lo confrontan y lo hacen mirarse a sí mismo, conectarse con los sentimientos, con el entorno”.
Los placeres y problemas que suponen el contacto con los otros termina suscitando “el desbloqueo: Tobías es un personaje apático, no demuestra sus sentimientos, no se entiende bien qué le pasa, porque atraviesa un duelo en el que pasa por la vida manteniéndose lo más guardado posible, tratando de que la vida no lo lleve a un sobresalto”, dice Lidejover, pero como sin sobresalto no hay cine, los guionistas pusieron a su criatura a “cruzarse con otras personas que lo sacan de su rutina y lo llevan a vivir situaciones que le hacen transitar el duelo de otra forma”.
“Tobías se va abriendo de a poco: hasta que conoce a Luz, su vida es una inercia, casi que está muerto en vida. Siempre hay una fuerza vital, de querer vivir, hasta lo último”, agrega Zago sobre el personaje que interpreta: Tobías atraviesa casi todo el filme entre esa apatía segura de la que habla Lidejover, ese refugio en el que se guarda para no sentir, y los sentimientos que le despiertan los otros, en particular Luz, y finalmente la historia de ella, atravesada por una relación tóxica y la violencia de género, lo moverá a la acción. “Todos los personajes están signados por la tragedia”, dice Zago. “Y todos los personajes, en un punto, tienen un renacer, de sanar”.
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