Pese a la pandemia de coronavirus, la concentración de gases de efecto invernadero alcanzó una nueva cifra récord durante 2020, con una tasa de crecimiento anual por encima de la media registrada entre 2011 y 2020, según informó ayer la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que advirtió que de no detenerse las emisiones la temperatura global continuará subiendo con efectos catastróficos.
De acuerdo con el último Boletín de la OMM, la concentración de dióxido de carbono, el gas de efecto invernadero más importante, alcanzó en 2020 las 413,2 partes por millón (ppm) y se sitúa por encima del 149 % sobre los niveles preindustriales, informó Naciones Unidas.
Si se mantiene el ritmo actual de emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera, el incremento de la temperatura a finales de siglo superará por mucho el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 o 2 °C por encima de los niveles preindustriales, señalaron.
El dióxido de carbono es el gas de efecto invernadero más abundante en la atmósfera y contribuye con alrededor del 66% al efecto de calentamiento del clima. Su cantidad “superó el hito de las 400 ppm en 2015, y sólo cinco años después, rebasamos las 413 ppm”, resaltó el secretario general de la OMM, Petteri Taalas.
Desde el organismo internacional del clima advirtieron que de no detenerse las emisiones la temperatura mundial seguirá subiendo y explicaron que el dióxido de carbono es un gas que se caracteriza por su larga duración; por lo que el nivel de temperatura persistirá durante varias décadas aunque las emisiones se reduzcan rápidamente hasta alcanzar un nivel neto.
Los expertos de la OMM alertaron también que si a esta situación se le añade el calentamiento del planeta, el resultado final que se obtendrá será la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos: calor intenso, lluvias fuertes, derretimiento de las masas de hielo, subida del nivel del mar y acidificación de los océanos.
El informe señaló que aproximadamente la mitad del CO2 emitido actualmente por las actividades humanas permanece en la atmósfera, mientras que los océanos y ecosistemas terrestres absorben la otra mitad.
Las concentraciones de otros gases como el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), equivalieron, respectivamente, al 262% y al 123% con relación a los niveles de 1750, el año elegido para representar el momento en que la actividad humana empezó a alterar el equilibrio natural de la Tierra.
La ralentización económica causada por la Covid-19 no tuvo ningún efecto evidente en los niveles atmosféricos de los gases de efecto invernadero.
La región de América Latina y el Caribe arroja a la atmósfera 371 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono por el consumo de madera y carbón, indicaron.
“La última vez que la Tierra registró una concentración comparable de CO2 fue hace entre tres y cinco millones de años. En esa época la temperatura era de 2 a 3 °C más elevada, y el nivel del mar, entre 10 y 20 metros superior al actual, pero entonces no había 7.800 millones de personas en el planeta”, explicó Taalas.
De cara a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en Escocia del 1 al 12 de noviembre, el científico dijo que, aunque muchos países están fijando sus objetivos para alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono, se deben transformar esas ambiciones en acciones que tengan un impacto sobre los gases que provocan el cambio climático.
En julio de 2021, las concentraciones de CO2 observadas en Hawai y Tasmania alcanzaron, respectivamente, 416,96 ppm y 412,1 ppm, en comparación con las 414,62 ppm y las 410,03 ppm registradas en julio de 2020.
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