Sentidas muestras de pesar provocó, en diferentes ámbitos locales, el fallecimiento, a sus 95 años, de Marta del Carmen Rottgardt, una distinguida platense que supo recorrer en su prolífica vida buena parte de la historia de nuestra ciudad.
Nacida en 1926 del matrimonio entre Otto Rottgardt (médico de origen alemán) y Sara Santamarina (Lela), tuvo como hermanos a Guillermo (recordado preparador físico de clubes de fútbol) y Luis Alberto Larrain (abogado radicado en Neuquén).
Marta se graduó de maestra a los 16 años en la Escuela Normal Mary O’Graham, y empezó a trabajar de inmediato, avanzando luego a estudios de Servicio Social para escuelas y coronándose como una de las primeras asistentes sociales en el fuero judicial de minoridad.
En su larga vida supo formar una gran y articulada familia de sus matrimonios con el ingeniero Ruy Alvar Nuño de Villalobos en 1948 (con quien tuvo a sus hijos Ruy, María Marta –Marita- y Alvar Diego), con el fiscal Mario Cabassi en 1967 (con quien tuvo a Paula) y, tras enviudar, finalmente las últimas décadas y hasta el presente con el agrimensor Alfredo Berdazaiz.
Mantuvo sus amigas de la infancia durante toda su vida y pudo festejar con varias de ellas los 75 años de graduadas de la Escuela Normal.
Viajera incansable, comenzó de mochilera en los lagos del sur y continuó con viajes a varios continentes (visitó, entre otros numerosos países, Australia) para visitar hijos y nietos o por el mero gusto de conocer.
Fue una activa protagonista de la vida social de la Ciudad. Lectora fiel del diario EL DIA, sus allegados destacaron que supo protagonizar el mismo con su intensa actividad social (fue de las primeras socias del Club El Círculo), seguir los consejos del suplemento cultural o ser la primera crítica de las columnas de análisis constitucional de su nieto Julián Portela.
De personalidad firme y unívoca, pero con una sensibilidad social y afectiva que la hacía siempre interesante para el diálogo y la compañía, su gran familia de nietos (de Villalobos, Portela y Canamassas Cabassi) y bisnietos, añorarán mucho su valor aglutinante y su calidez anfitriona tanto en su hogar como en sus veranos frente al mar de Santa Clara o de Pinamar.
Queda para ellos, según resaltaron quienes la conocieron y valoraron por sus cualidades, “el legado de una personalidad única e inolvidable”.
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