Lo guió el deseo de cambiar lo que no aceptaba del mundo, un espíritu humanitario y un gran sentido de la ética. Y así trazó su trayectoria, que matizó con el amor a su familia, la práctica política, la incesante búsqueda de conocimientos, el arte y el encuentro con amigos, Mario Drake, quien falleció a los 87 años.
Mario Alfredo Drake había nacido el 26 de junio de 1933 en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Su padre, Doroteo, combinó la medicina (fue el doctor del pueblo) con la militancia y llegó a ser diputado nacional en representación del radicalismo, partido al que adscribió ya desde muy joven el menor de sus hijos. Su madre, Marta Sanahuja, además de atender con esmero las necesidades del hogar (Mario tuvo cinco hermanos) se dedicó, aunque puertas adentro, a las artes plásticas, concretamente a la pintura.
En ese ambiente familiar adquirió el gusto por la medicina, la política y la pintura, en particular las acuarelas, con la que desplegó, años más tarde y también sólo para su entorno más íntimo, toda su creatividad.
Como tantos jóvenes que buscaban formarse a nivel académico dejó Lincoln e ingresó a la facultad de Medicina de la UNLP. Cursó casi toda la carrera, pero no la completó y se dedicó a trabajar.
Sin embargo, su paso por la vida estudiantil lo marcó en dos sentidos. La lucha por una Universidad más igualitaria desde las filas del reformismo fue uno; y algo un poco más personal: conoció en las aulas del Bosque a Eva Echagüe, quien fuera luego una reconocida bacterióloga del Hospital de Niños. Fue su esposa, su compañera incondicional y la madre de sus dos hijos: Leandro y Mario.
Con el gobierno de Anselmo Marini accedió a un empleo en el ministerio de Salud bonaerense y en esa cartera se jubiló. Por otra parte, en 1984, con el retorno en el país de las instituciones republicanas, se desempeñó como Director de Personal en la Cámara de Diputados de la Provincia.
Afiliado de la UCR local, encolumnado en la línea liderada por Ricardo Balbín, fue uno de los creadores de la Comisión Permanente de Homenaje al destacado político platense tras su fallecimiento en 1981. Luego, con el advenimiento de la democracia, se volcó a la corriente renovadora de Raúl Alfonsín.
Fue un lector tenaz, y tuvo el generoso hábito de comprar libros que luego de leídos no guardaba y los hacía circular.
Tuvo un nieto al cual adoró: Franco.
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