A los 91 años falleció Nelva “Kikuka” Mercader y con ella se fue una caracterizada vecina que fue protagonista y testigo de muchos cambios ocurridos en la Ciudad.
Había nacido en La Plata el 7 de mayo de 1929; sus padres fueron María de las Nieves Aguilar y Néstor Mercader, tisiólogo y político, quien además fue intendente de la ciudad de Lobería durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, hasta 1930.
Nelva tuvo raíces familiares fuertemente arraigadas a la historia temprana de la ciudad. Su abuelo materno fue tesorero de la Aduana de La Plata y su abuelo paterno, uruguayo, Jefe del laboratorio químico de la Municipalidad. Además fue sobrina de Emir –reconocido médico, periodista y político-, de Amílcar – juez y ministro de la Corte Suprema de Justicia de Argentina, padre de la escritora Martha Mercader - y de Carlos Mercader.
Con sólo un año vivió el exilio en Brasil y a los 13, atravesó uno de los momentos más tristes de su vida, al fallecer su padre. Vivió junto a Darcy, su hermana menor, su madre y dos tías maternas, con las que estrechó un fuerte vínculo.
Cursó sus estudios de magisterio en el Colegio Normal N°1 “Mary O´Graham”, de donde egresó en 1947. Ingresó a trabajar muy joven a la Universidad Nacional de La Plata y, después de años de trabajo dedicado y responsable, se jubiló como directora de Legalizaciones y Diplomas.
En 1950 se casó con el futuro juez Juan Carlos Nievas. La familia creció con los nacimientos de sus hijos Juanjo, fallecido en un accidente, y Chango. Ambos se destacaron como hombres de mar y fueron reconocidos deportistas locales dedicados a la vela.
Ya en su adultez, su felicidad se coronó con la llegada de cinco nietos, a quienes amó intensamente.
Activa en la vida social, mantenía relación hasta la fecha con sus compañeras de secundaría, y era el Alma Mater de las reuniones que ella organizaba.
Amable, cariñosa, de imperturbables buenos modos, se destacó por su generosidad y espíritu cordial.
Sus allegados ponderaron su exquisita pluma, Nelva escribía poesías que no trascendían de las paredes familiares y su círculo privado.
De carácter alegre y divertido, Kikuka fue dueña de un espíritu travieso difícil de igualar, razones por las que también será, sin dudas, recordada con una sonrisa por quienes compartieron junto a ella entrañables momentos.
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