Que la industria del entretenimiento es una picadora de carne es sabido. También, que esa capacidad del cine y la televisión de “usar y tirar” a sus viejas luminarias es quizás una rotunda metáfora de una sociedad que hace lo mismo con los ciudadanos que ya no son productivos. El cineasta paraguayo Simón Franco decidió tomar ambas ideas, visitadas primigeniamente en “El ocaso de una vida” y el cine de Chaplin, y actualizarlas en “Charlotte”, película sobre una olvidada estrella de cine española que al enterarse que el director que la llevó a la fama filmará su última película en Paraguay, se embarca en un insólito viaje, en busca de algo más que el protagónico que siente que le pertenece.
“Charlotte” es, en la película, la mítica Ángela Molina, que trabajó con Buñuel y Almodóvar, y se estrenó el jueves, días después de que la actriz recibiera el Goya de Honor por su carrera. El estreno del filme fue a través de la plataforma Cine.Ar, y Franco comenta, en diálogo con EL DIA, que está “feliz de que la gente la vea, aunque sea en un celular, en una tablet, aunque sea trucha: uno deja mucho tiempo, mucho dinero, mucho esfuerzo, mucha vida, en hacer una película”. Pero también aterrizó en el Cine Select, donde podrá verse hasta el miércoles, todos los días a las 18.
La película, cuenta Franco, nació de una escena que le apareció en su cabeza: “Siempre pienso qué personaje me gustaría contar, y cuando tengo un personaje sólido que quiero contar, me imagino dónde lo veo, en qué escenario: soy bastante visual, y casi siempre lo que imagino es bastante solitario”, explica, y así es que se le apareció “una diva tomando sol en una motorhome, en un descampado total. Y de pronto, se le aparece un dron”.
Ese fue el disparador: Franco empezó a imaginar la vida de esa diva en el medio de la nada, a pensar cómo había llegado su criatura hasta allí, y entendió que lo que le interesaba contar era “a una diva perdida, una de esas personas descartadas, estrellas que fueron en su momento gigantes y que ahora son descartables: hay una falta de respeto hacia esas personas, que a su vez se quedan en esos paraísos perdidos, viven en esa pausa de lo que fueron”.
Franco pensó en la Loren como modelo, y sabía que la cinta tenía que estar interpretada, como “El ocaso de una vida”, por una actriz conocida, un mito. Durante el desarrollo del guión, Geraldine Chaplin era la elegida. “Cuando pensaba la historia, siempre fue Geraldine”, relata el director. Pero “me encontré con ella varios meses antes y me contó que por un problema personal no podía filmar. Fue un golpe. Pero allí se nos ocurrió Ángela”.
Ángela, cuenta, “le dio todo a la película. Incluso tuvo un problema en la espalda y siguió filmando. Y la película le calzó perfecto, es increíble. Y la cámara la ama”. Su relación con Molina, y la maestría de ella, en el set reforzó una de las ideas que rondan la película: “Hay que escuchar a los mayores, pero es una sociedad que los descarta”, afirma el director, egresado de la FUC, y comenta que con quien más aprendió en sus estudios fue con José Martínez Suárez.
Su otro gran maestro es Chaplin. Director de dos largometrajes antes de “Charlotte”, un de ellos, “Tiempos Menos Modernos" (2011), una cita directa a Carlitos, Franco explica que se siente cómodo en la tragicomedia y en el retrato de los descastados por su afición al director de “El Pibe” y “Candilejas”, esta última “un ejemplo perfecto” de cómo “la industria dicta que a cierta edad ya no servís. Más para las mujeres: a cierta edad tenés que ser madre, abuela, todos tenemos fecha de vencimiento, pero más ellas. Pero nos pasa a todos: yo hago publicidad, tengo 42 años… y ya no sirvo. No tengo ese ritmo tiktokero de los chicos de 25. Es la sociedad, es el sistema, es la industria que lleva a esto… pero hay que poner una pausa. Y escuchar”.
Pensando en Chaplin es que Franco convierte a “Charlotte” en una road movie tragicómica con toques absurdos, donde “una capa puede ser muy cómica, pero por debajo estoy tocando dramas. Pero si me voy al drama, no puedo tener la soltura que se requiere para que el espectador se vea reflejado”. La comedia, asiente el director, es mejor para llegar al hueso que el drama.
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