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“La bitácora del sur”: el rock indie como metáfora de otra forma de vida posible

El chileno Omar Díaz viajó a cuatro epicentros de la movida independiente en Sudamérica, incluida La Plata, y registró los lazos que permitieron construir arte desde el margen en la película que se muestra hoy, por última vez, en el BAFICI

Por Redacción

Atraído por el particular canto de las guitarras indie, como si fueran las voces de sirenas que enuncian paraísos posibles, el cineasta chileno Omar Ruiz armó las valijas y viajó por Sudamérica a desentrañar el misterio del rock independiente, retratando las amistades, la autogestión, las pizzas compartidas, los autos varados y la música de su Santiago natal, de Lima, Montevideo… y La Plata, claro. El resultado es “La bitácora del sur”, documental sobre el indie que abre con la bella voz de Santiago Motorizado entonando “El magnetismo”, y que se puede ver hoy por última vez en el BAFICI (tendrá a las 20 función al aire libre en el porteño Parque Centenario y puede verse todavía de forma online, todo gratis).

Es el primer documental de Díaz, que estudió en Buenos Aires y ha trabajado en videoclips y proyectos musicales, y que partió a la aventura musical “inspirado por la curiosidad”, según le cuenta a EL DIA.

“Antes de empezar a filmar, estaba viendo lo que pasaba con el rock indie aquí en Santiago, y me parecía interesante lo que hacían, cómo veían la autogestión: trataban de crear sus propios espacios, de generar circuitos comunitarios más horizontales, se ayudaban unos a otros… Eso lo encontré cautivador”, cuenta Díaz la génesis del proyecto. Y explica que “empecé a hablar con las bandas, y les pregunté por sus referentes, esperando que me nombraran bandas estadounidenses, inglesas, y me empezaron a nombrar bandas argentinas, peruanas, uruguayas: ahí me di cuenta que esto no pasaba solo en Chile, sino en varios países, y que estos artistas ya tenían una red construida. Entonces, decidí encontrar la forma de poder viajar a esos lugares a conocer más del movimiento”.

Así apareció la idea del viaje por los epicentros sudamericanos de la movida indie, cámara en mano. Con una idea bastante clara de cómo tenía que ser el documental que, revela, se transformó completamente en el campo, cuando, viajando durante 20 horas en micro hacia Argentina y anotando ideas en su cuaderno, la bitácora que da nombre al documental, “me empezó a preocupar no poder abarcar lo suficiente, contar todo lo que pasaba… Entonces, decidí que quizás era más interesante si era honesto a lo que vivía, y lo cuento como un viaje: allí, el documental se transformó en una road movie, una invitación a viajar y conocer estas escenas”.

La primera parada es nuestra ciudad: en el inicio, aparecen en su cámara varias bandas nucleadas en Laptra, el sello indie nacido en La Plata de las crisis de principios de siglo, como Las Ligas Menores, El Mató y 107 Faunos. 

“Me pareció interesante que hubiese un nacimiento de tantos artistas tan diferentes en La Plata, me gustaba la idea que no naciese ese movimiento desde Buenos Aires, en la capital, que es la historia más clásica. Es importante rescatar que el origen es diferente”, dice el director de un documental, por supuesto, autogestivo, con el espíritu del do it yourself y la colaboración de la comunidad, como la escena que retrata: la autogestión como forma de organización, de hecho, es el eje conceptual del documental, una forma de organización paralela a las reglas hegemónicas del mundo que se vuelve pregunta recurrente de Díaz a sus entrevistados.

Y, claro, el hilo en común entre las bandas indie de toda Sudamérica, que buscaban de Lima a La Plata “tener el sello propio, crear ciclos autogestionados, pequeños festivales: la idea de cómo se comparte la música con la gente era en esos espacios diferente a la norma, no tenía una mentalidad de mercado, no se mostraban en lugares a los que solo llegan ciertas bandas, o lugares caros… Creaban espacios más inclusivos, bastaba con que alguien tuviera una casa con un patio y ya estaba, el fin de semana invitaban amigos, bandas… Era mucho más fácil llegar, bandas que recién empezaban y que no tenían espacios en un bar o un centro cultural, encontraban en estos espacios autogestionados una oportunidad para mostrar su arte”, analiza Díaz.

La autogestión, sigue el director, es lo que ha permitido que el arte florezca en tiempos de crisis: en Argentina, por ejemplo, el indie platense se gestó, como cuenta en la película Santiago Motorizado (también entrevistado en otro rockumental de temas afines, “Una nueva generación”, que debuta hoy en el festival), a partir de la crisis del 2001 y de la tragedia de Cromañón. No había dinero ni lugares donde tocar, pero, dice Díaz, las bandas comprendieron que “solo basta con contactarse con gente que vive algo parecido a lo suyo y empezar a hacer, solamente eso, juntarse y empezar a construir”.

La independencia, con todos sus problemas (en un momento del documental una camioneta se para, y la hacen andar: “Qué lindo es andar en camioneta”, dice uno, y le responden “sí, cuando anda”: ajustada metáfora del pichuleo constante del indie), ofrece no solo camaradería y buenos momentos, sino que, sigue Díaz, “les permite hacer su arte de forma más libre. Y si otros saben que ese espacio existe, no se condicionan tanto a tocar según el canon establecido: se abren las puertas a probar cosas, a experimentar. En esa espontaneidad es donde se generan muchas veces los proyectos más interesantes, los que luego crecen y rompen con lo establecido. Son vitales para que el arte logre reinventarse, renovarse a lo largo del tiempo”.

Y es, en definitiva, otra forma de organizarse, entre pares, a contracorriente del individualismo moderno. Todo filme es político, y allí planta bandera “La bitácora del sur”: “En el arte suelen nacer ideas que después adopta la sociedad. Me gusta que en estos espacios es mucho más fácil que se de una libre comunicación entre personas de distintos países, que haya intercambio, que cuenten historias: es mucho más fácil que yo escuche músicas de otro país y empiece a conocer la cultura de ese país, a derrumbar prejuicios, que incluso pueden terminar en actos de discriminación y racismo. La música y el arte en general logran pasar por sobre esa barrera”, opina Díaz.

O como canta Santiago Motorizado en la canción que abre “La bitácora del sur”: “En este mundo peligroso… tenemos que estar juntos”.

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