Protagonista del ámbito cultural platense, al que se vinculó fundamentalmente a través de la danza, su nombre se asoció a uno de los dos grandes estudios por los que pasaron varias generaciones de platenses. Por todo eso, el fallecimiento de Norma Mancuso, ocurrido a sus 83 años, provocó sentidas expresiones de dolor.
Hija menor de María Teresa Laserra y José Antonio Mancuso, pasó su niñez en una atmósfera marcada por el arte y creció junto a sus hermanos Antonio – músico-, Mario – cantante y director de coros- y Rosa –pianista-. Cursó la primaria en la Escuela Anexa Joaquín V. González.
De pequeña estudió arpa en el conservatorio Gilardo Gilardi. El instrumento se conserva en el museo de los recuerdos del Teatro La Nonna que dirige su sobrino Leo Ringer.
En esa etapa también participó en espectáculos del Teatro Argentino y fue destacado su rol de niña solista en la ópera “La Boheme”. Además, junto a otros platenses, participó en la película argentina “El Conde de Montecristo”.
Junto a la primera bailarina del Teatro Argentino, María del Carmen Santesteban, fundó su estudio de danzas clásicas en la histórica propiedad familiar de 47 y 3. Luego se mudó a la casona de 48 entre 5 y 6.
En 1955, se perfeccionó junto al profesor “Plinio Gargiulo”, eminente coreógrafo italiano. Además se especializó en gimnasia femenina basada en la danza. También se capacitó en el prestigioso conservatorio Salvador Agostini, del que en 1960 se graduó como profesora superior de danzas clásicas y españolas.
Fundó el gimnasio femenino Norma Mancuso que, por su rigurosidad y vanguardia, convocó a varias generaciones de platenses. Entre ellas fue recordado el uso de un bastón con el que la artista marcaba los tempos y las correcciones.
Con la idea de que la cultura era un recurso para la reinserción de los reclusos, durante varios años dirigió el cuerpo de danzas clásicas del servicio penitenciario en el penal de Olmos.
Hasta que irrumpió la pandemia estuvo al frente de las clases de gimnasia en las que siempre se promovieron hábitos sanos y armoniosos. Norma fue devota de la disciplina, del trabajo y de la puntualidad y logró sobrellevar por 21 años una dura enfermedad sin perder su entereza y su manera de vivir.
Estaba casada con Aníbal Pacheco Ruiz con quien cumplió el proyecto de formar una familia que creció con el nacimiento de su hijo, Juan Luis, músico y abogado.
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