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Ramiro de los Ríos

Por Redacción

Médico reconocido dentro de la anestesiología, que ejerció tanto en la esfera de la salud pública como en la privada; pionero en prácticas para combatir el dolor; amante de las actividades rurales; hombre de familia y amigos. Ramiro de los Ríos se destacó por una trayectoria profesional y vital de variadas aristas y por sus permanentes gestos de nobleza; de ahí la tristeza que despertó su fallecimiento, ocurrido a los 71 años.

Nacido el 2 de mayo de 1949 la ciudad de Buenos Aires, era hijo de Haydée Gorostiaga y Luis Enrique De los Ríos. Transcurrió su infancia en nuestra ciudad junto a su hermana Silvia.

Cursó en el Liceo Naval Almirante Brown de primero a cuarto año, y ya habiéndose ganado el título de guardiamarina completó el secundario en el Colegio San Luis de La Plata.

Siguió Medicina en la UNLP, y desarrolló la carrera en tiempo y forma, sin desaprobar una sola materia. Se graduó en 1973.

Integró las primeras promociones del sistema de Residencias en Anestesiología de Hospital San Martín; trabajó en el Hospital Alejandro Korn de Melchor Romero, donde alcanzó a ser jefe del servicio; pasó luego a integrar el equipo de anestesiólogos del Policlínico. En el orden privado se desenvolvió en varias instituciones, como la Clínica City Bell y el Hospital Español.

Fue uno de los primeros médicos en desarrollar la clínica del dolor en la Ciudad. A raíz de su inquietud en esa especialidad, José María Mainetti lo envió a realizar una pasantía a un hospital de Madrid, España.

En el aspecto institucional fue socio fundador de la Sociedad Platense de Anestesiología, ocupando los cargos de tesorero y secretario.

Tuvo dos matrimonios. Se casó con Matilde de Diego y de esa unión nacieron sus hijos: Ramiro, María Dolores y Manuel. Posteriormente contrajo enlace con Mirta Sciarreta, con quien compartió la vida durante los últimos 35 años.

A la par de su labor en la medicina se dedicó a distintas tareas agrarias, como la crianza de animales de granja y la reproducción de ganado porcino.

Gran amigo y anfitrión, se mostraba siempre dispuesto a abrir su casa para el encuentro. Con él se compartía una mesa de interminables charlas, relatos de anécdotas y recitado de poemas.

Fue un fervoroso Pincharrata.

Tenía cuatro nietos: Ramiro, Jano, Zoe y Emilio.

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