Fue un destacado arquitecto de la Ciudad, pero por sobre todas las cosas fue una persona que se ganó el afecto de quienes lo conocieron, por eso la partida de Roberto Bartolomé Martelli, ocurrida a sus 69 años, fue considerada una triste pérdida en diferentes círculos locales.
Hijo mayor de Graciela Arrarás Vergara y Armando Martelli, había nacido el 19 noviembre de 1951 en La Plata y creció junto a sus hermanos Cecilia, Guillermo y Armando.
Estudió en la Escuela Primaria N° 2, en el Liceo Víctor Mercante y en la Universidad Nacional de La Plata, de la que en 1977 se graduó como arquitecto.
Se desempeñó por algunos años como docente de la cátedra de Arquitectura, al tiempo que hacía otros trabajos en la administración pública provincial. Desarrolló tareas en el Ministerio de Obras Públicas, en el Ente del Conurbano y en la subsecretaría en lo Contencioso Administrativo de la Fiscalía de Estado, en la que trabajó hasta que se jubiló.
En todos esos años mantuvo su estudio de arquitectura, al que se sumó su hijo Guido, quien siguió sus pasos profesionales y vio de cerca la pasión con la que su padre se entregó a cada proyecto.
En 1979 se casó con Leda Campaña y la familia creció con los nacimientos de Felipe, Guido, Teresa y Mariana. A todos los estimuló en la práctica deportiva: a los varones los acompañó mientras jugaron rugby en el Club Los Tilos y a sus hijas, las llevó a destreza. También, junto a su esposa, les inculcó el valor del estudio y del trabajo.
Con los años disfrutó de la llegada de Federica , Olivia, Lupe, Camilo, Pedro y Antonia, sus adoradas nietas. Seguramente de la misma manera hubiera recibido a una nieta que está en camino.
En el tiempo libre le gustaba viajar y reunirse con la familia o con amigos. Con su natural simpatía y su forma de ser abierta no le fue difícil cosechar amigos en diferentes círculos.
Su buen humor y su constancia para luchar por sus metas fueron algunas de las cualidades que lo distinguieron. Uno de sus sueños fue construir una casa que fuera su lugar en el mundo y lo cumplió en 1988, cuando junto a su familia se mudó a Gonnet.
Las puertas de su hogar siempre estuvieron abiertas, Roberto disfrutaba de compartir esos espacios de encuentro y charla con la familia o con amigos, ya sea alrededor de una mesa o en el jardín.
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