Conmovió en diversos ámbitos de La Plata, pero en especial en aquellos dedicados a la atención de la salud, el fallecimiento, a los 87 años, del reconocido traumatólogo Antonio Walter Bosio.
Había nacido en esta ciudad el 27 de octubre de 1933. Fue el hijo mayor de Zulema Piombino y Ernesto Bosio, y tuvo dos hermanos, Raúl y Carlos. Los tres se inclinaron por alguna rama de la Medicina.
La educación básica la cumplió en la Escuela 11, y después se recibió de bachiller en el Colegio Nacional. Siguió la carrera de médico en la Universidad Nacional de La Plata y se especializó en traumatología y ortopedia.
Durante unos años formó parte del staff profesional del Hospital Español, pero casi toda su trayectoria laboral la desarrolló entre el Instituto Médico Platense, el Instituto del Diagnóstico y el consultorio propio, instalado en su domicilio particular. Allí, en ese espacio atendió hasta los 84 años.
Fue un apasionado de la especialidad, a la que se volcó por entero; respetado por sus colegas y apreciado por sus pacientes, solía señalar que un médico debía ser, por sobre todas las cosas, “un buen amigo”, pues remarcaba la importancia de “saber escuchar” durante la consulta.
También se interesó por la investigación científica y así fue que participó en un equipo de trabajo del Museo de Ciencias Naturales que indagó, a partir de los restos de integrantes de pueblos originarios, distintas malformaciones óseas.
Tras su primer matrimonio, de cuya unión nacieron Silvia (empleada administrativa), Gustavo (veterinario) y Francisco (mecánico dental), se casó con María Cristina Fariñas, compañera de vida incondicional que estuvo a su lado no sólo en el hogar que formaron juntos sino también como su secretaria. Ella lo convirtió en padre de Antonio Walter (médico traumatólogo), Juan José (también, traumatólogo) y Pablo Martín (abogado).
Fue una persona alegre, que le gustaba compartir momentos con su más amplio entorno. Sus festejos de cumpleaños, por caso, organizados en la casaquinta familiar de Villa Elisa, solían reunir hasta cien invitados.
Disfrutó de los viajes junto a María Cristina (recorrieron juntos el país y también Europa y lugares un poco más exóticos como Alaska y África); de la lectura; y, conversador y de trato amable, le agradaban los encuentros con amigos.
Tuvo 12 nietos y dos bisnietos.
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