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María del Carmen Malbrán

Por Redacción

Poseedora de numerosos títulos universitarios; psicóloga, profesora de enseñanza especial, directora de posgrados e investigadora; integrante de equipos interdisciplinarios dedicados a la formación y la intervención pedagógica en discapacidades para el aprendizaje, con la muerte de María del Carmen Malbrán las Ciencias de la Educación pierden a una apasionada colaboradora y referente que trascendió los círculos locales.

Nacida el 10 de septiembre de 1941 en la General Villegas; era hija de Raúl Malbrán y María Luisa Alustiza. Creció junto a sus hermanos Silvia y Raúl.

Se recibió de psicóloga educacional en la Universidad Nacional de La Plata y fue ese el punto de partida de una carrera comprometida con el estudio y la actualización y en la que no ahorró esfuerzo y dedicación.

Concluyó un Master of Education en la Universidad de Puerto Rico; y obtuvo reconocimiento de méritos equivalentes al doctorado en Educación por parte de la UNLP.

Fue también docente e investigadora universitaria; profesora especializada en Retardo Mental; miembro del Academic Board International Association for the Scientific Study of Developmental Disabilities; integrante del equipo de Discapacidad y Pediatría de la Sociedad Argentina de Pediatría; evaluadora de proyectos de investigación y de promociones académicas (CONICET y secretarías de Investigación de universidades nacionales); y directora de doctorandos en Psicología Cognitiva.

Coordinó especializaciones de Ciencias de la Educación en la facultad de Humanidades; representó al claustro de profesores del departamento de Ciencias de la Educación de Filosofía y Letras de la UBA; integró la Junta Consultiva del Instituto de Investigaciones Educativas en esa misma facultad; participó de la Comisión Interfacultades para la Integración de Personas con Discapacidad de la UNLP y del comité directivo internacional del congreso “Inclusión de los niños con discapacidad”.

La guió el convencimiento de que el único modo de ser libres es a través de la educación y abrazó, en ese sentido, la bandera de la diversidad, que consideraba más un orgullo que un estigma.

Fue, al mismo tiempo, una apasionada por la cocina, los viajes, las plantas, su familia, las mascotas y dejó una huella afectiva en la vida de cada persona que la conoció.

Casada con Jorge Serdarevich, tuvo una hija, Úrsula.

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