Fue ministro de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, pero fundamentalmente Ernesto Ghione trascendió por haber transitado el mundo de las leyes, desde su época de abogado de Pobres y Ausentes, con una profunda vocación y rectitud. Por todas esas razones, su partida causó sinceras expresiones de pesar.
Había nacido en Punta Alta y, luego de completar sus estudios secundarios, llegó a la Ciudad para estudiar Derecho y se radicó junto a su hermana Graciela en la zona de 48, entre 1 y 2.
Desde muy joven comenzó a trabajar en Tribunales limpiando vidrios; luego fue empleado en la Secretaría Penal y, por muchos años, defensor de Pobres y Ausentes. Tan comprometido era su desempeño en esa área que muchos esperaban a que él estuviera de turno para solicitarle sus servicios; fue uno de los abogados que más casos ganados tuvo.
También fue Profesor Extraordinario Emérito de las cátedras Nº 2 y 3 de Derecho Penal I de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.
Integraba desde la época del gobernador radical Alejandro Armendáriz, en 1983, la Suprema Corte de Justicia bonaerense, pero en 2010 presentó la renuncia al Máximo Tribunal.
En 1997, asumió como presidente del Consejo de la Magistratura, institución creada a partir de la reforma constitucional de 1994 y le tocó conducirla.
Estaba casado con Nilda Ghione, el gran amor de su vida y compañera inseparable. Siempre se los veía unidos, ya sea cuando ella lo llevaba a su trabajo – pese a su cargo en la Corte nunca aceptó tener chofer- y con quien solía compartir largas partidas de ajedrez.
El doctor Ghione fue de una ética intachable y fiel a sus principios. Como no estaba de acuerdo con las jubilaciones que muchos consideran de privilegio, optó por destinar a gente necesitada gran parte de esa remuneración.
Quienes lo conocieron destacaron su sencillez. No necesitó de grandes lujos para disfrutar de la vida y se consideró feliz al recibir a sus sobrinos a la familia o en los momentos que pudo compartir una cerveza helada con amigos.
También fue un hombre de gran sensibilidad artística, sabía de memoria monólogos completos de Shakespeare.
Maíto, como le decían sus allegados, fue un hombre derecho, leal, justiciero y honesto. Una de esas personas que se brinda de manera amorosa y, en especial, a los más necesitados.
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