Deja un gran vacío en el ámbito laboral donde se distinguió como profesional y compañero de trabajo; en su barrio, por adopción, de Berisso, lugar en el que se entregó a la vida vecinal; y, claro, entre quienes lo rodearon siempre, su familia y amigos. A los 54 años, con mucho por hacer todavía, murió el ingeniero mecánico Rubén José Daniel Alonso, dedicado al control y mantenimiento de producciones petroquímicas.
Todos lo llamaban Daniel. Nació el 28 de mayo de 1967 en La Plata, cerca del Club Atenas, donde jugó al básquet y dirigió también encuentros como árbitro.
Sus padres fueron Raquel y Rubén; él fue el hermano mayor y lo siguieron Pablo, Guillermo y Martín. Hizo la primaria en el Normal 3 y completó el nivel secundario en el colegio industrial Albert Thomas, de donde egresó con el título de Técnico Mecánico en 1986.
Tuvo diversas ocupaciones y mientras que pudo combinó trabajo con estudio. No bien se recibió del secundario se incorporó a la sección de Automotores del ministerio de Salud provincial; en 1987 ingresó a la carrera de Ingeniería Mecánica de la UTN y dos años más tarde accedió a un puesto en la planta de YPF.
Fue, al poco tiempo, uno de los tantos cesanteados de la refinería en la década del 90, y tuvo que volver a empezar, lo que implicó abandonar la carrera universitaria: ya estaba casado, tenía hijos, y la responsabilidad de mantener a una familia.
En esa etapa dio manifiestas muestras de su disposición a no dejarse ganar por los contratiempos y las malas épocas. Fue remisero, albañil, y recién cuando consiguió un empleo estable retomó los estudios y logró diplomarse ya como ingeniero. Realizó tareas para terceros en el Polo Petroquímico regional hasta que lo contrató la firma PAGSA, dedicada a brindar servicios metalúrgicos a YPF. Fue ese su trabajo definitivo.
Una trayectoria con marchas y contramarchas y la experiencia de diferentes desempeños lo nutrió, por caso, para contar anécdotas que le gustaba compartir con su entorno.
Conoció a María Laura Augusto, de Berisso, se casó con ella y se radicó en la ciudad vecina, donde tuvo a sus hijos (María Fernanda, Agustín y María Florencia). Durante unos meses disfrutó de la dicha que le despertó Catriel, su pequeño nieto.
Sus vacaciones en familia eran en algún lugar patagónico, preferentemente en Villa Pehuenia.
SUSCRIBITE a esta promo especial